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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Las tan temidas Listas Negras

Por Alfredo Ferrarasi

La Argentina tiene una deuda interna de muy larga data, una deuda que arrastra desde antes de los comienzos mismos del movimiento libertario, son ya más de doscientos años de desencuentros, los cuales, por lo visto, seguirán, porque evidentemente no hemos podido hacer una síntesis, de las tesis y antítesis existentes y seguramente quienes antes apoyaron la gestión de Sestopal y ahora son “beduinistas”(1) de la primera hora, correrán por el desierto cultural faldense a decirle al “pachá” del Emirato Municipal…mire como escribe este “zurdo”.
Lo cierto es que esto, que con sorna hemos puesto, no es más que el fiel reflejo de las divisiones que existen en nuestra sociedad, separaciones que comenzaron con unitarios y federales, que siguieron en los ochenta y que se revivieron con el peronismo y anti peronismo.
Aunque si lo tratamos de resumir a la categoría de progresistas y conservadores, puede resultar más fácil la comprensión, ya que siempre existieron dos bandos contrapuestos, que en última instancia, son los que se han enfrentados con distintos tintes a lo largo de la historia.
También podríamos resumirlo a nacionalista y anti y/o vende patria, ya que los sectores conservadores siempre han sido vistos como ejecutores de políticas económicas contrarias a los intereses del país.
Lo real es que la Argentina está lejos de tener solucionadas ciertas circunstancias sociales, de haber resuelto inteligente, racional y multiculturalmente (como corresponde) ciertos y elementales problemas de convivencia y desde el asesinato de Mariano Moreno, a los cuerpos velados sin cabezas de Rosas, a los primeros desaparecidos de Perón arrojados en el Paraná (Juan Ingalinella por ejemplo), a los de la Libertadora, a los años de proscripción de los pensadores con el Onganiato y compañía, a los desaparecidos de la última dictadura, a los que “salieron” de circulación en el Kristinato y a los que saldrán en pocos días con el prosismo, que representa la más rancia oligarquía argentina.
En todos los casos lo que primó a lo largo de la historia ha sido la intolerancia por el que piensa y siente distinto. Argentina es un país signado por las luchas de este tipo, las cuales empezaron con las primeras víctimas como Moreno y Castelli y siguieron con la cruenta y sanguinaria represión rosista y los exilios en Montevideo, Chile y otras ciudades europeas.
En ellos se gestaron grandes obras y páginas gloriosas de las plumas de Echeverría, Sarmiento, Alberdi, por citar algunos. El país salió fortalecido de esas listas negras porque la manera de militancia fue escribir y si vemos al gran sanjuanino que en esta condición hizo casi la mayoría de sus 52.000 hojas publicadas.
O las Bases de Alberdi y la polémica con Sarmiento y ya en el 80 ese positivismo que permitió la laicidad del estado, la llegada de los inmigrantes que trajeron sus organizaciones sindicales y su cultura del trabajo y cosmovisiones amplias. Fue, entonces, nuestra la capital mundial de la diversidad cultural, donde el mundo admiró el crisol de razas y la integración que se realizó, donde en un momento fuimos numéricamente los argentinos menos que los inmigrantes y sin embargo reinó la armonía, enriqueciéndose nuestra base cultural con los aportes multiculturales.
También recibimos a los inmigrantes que huían, primero de la gran guerra y después del flagelo del chacal Francisco Franco y luego de la segunda confrontación mundial, en todos los casos la cultura abrió sus brazos a los brillantes intelectuales que se quedaron en esta, por caso Manuel de Falla, Ángel Osorio, Rodolfo Mondolfo, Witold Gombrowicz, Rafael Alberti, Vladimiro Acosta, Vicente Blasco Ibáñez, etc. y podría seguir una larguísima lista de personajes que enriquecieran nuestro acervo.
La constante en nuestra historia es que fuere cual fuere el gobierno de turno, más cuando hubo cambios de signos políticos, siempre indefectiblemente existieron las tan temidas listas negras y a esta nefasta “regla” no escapa ningún gobierno, desde las más modestas comunas a los gobiernos provinciales y nacionales, siendo muestra irrefutable de la intolerancia y ceguera ética, democrática e intelectual de nuestros gobernantes.
Si se acepta la existencia indudable de las listas negras, seguramente llegaremos a la conclusión que, más allá de las dolorosas circunstancias de la discriminación, la invisibilización, el ostracismo intelectual y laboral, un país que se precie de serio, cosa que el nuestro evidentemente no es, tiene políticas de estado y la cultura en sus diversas expresiones es una de ellas, por lo que no hay grandes repercusiones con los cambios de gobiernos y menos persecuciones a los opuestos.
Con cada cambio de gobierno, aun siendo del mismo “palo”, encontramos las nunca reconocidas listas negras y de la noche a la mañana interesantes propuestas pasan a ser desdeñadas, y autores de vanguardia pasan al olvido solo por no ser del gusto del “mandamás”, con lo cual el empezar permanentemente es el rasgo de estas “republiquetas bananeras” en las que vivimos. El costo de estas acciones es avanzar un paso y retroceder dos, es el estancamiento intelectual en que estamos sumidos y no porque no tengamos representantes capaces, sino porque estos deben buscar en otros sitios lo que aquí se les niega, lo cual no significa necesariamente irse del país, sino a veces mudarse de pueblo o provincia para seguir teniendo oportunidades de creación o de poder subsistir con el trabajo intelectual.
Peor es, sin dudas, el tener que exiliarse por causas de la bendita intolerancia o porque lo que está en juego es la propia vida, como fue en la dictadura y si hilamos fino veremos que muchos grandes intelectuales terminaron siendo comerciantes o se recluyeron en los interiores provinciales en tareas tan ajenas a lo suyo, que al reconocerlos da “bronca” que semejantes capacidades se perdieran simplemente por pensar distinto.
Nos preguntamos ¿hemos pensado, no solo en el costo económico de desperdiciar las inversiones en el capital intelectual, sino en el daño emocional de tener que abandonar todo, por el simple hecho de no comulgar con lo que el establishment manda?, ¿por qué tendremos, en pleno siglo XXI, que soportar los fundamentalismos que nos carcomen? Y cuando decimos esto no hacemos referencia al conflicto del medio oriente, sino a los fundamentalismos vernáculos, al de quienes tienen la capacidad de estar siempre prendidos a la teta del poder!
No queremos terminar sin referirnos a lo local, que en realidad es lo que nos ha movido a escribir esta, aunque al ser una constante nacional, hicimos mención a un fenómeno tan amplio y nefasto como es el de tener que “renegar” de las creencias simplemente para poder seguir viviendo o lo más triste poder llevar un plato de comida a la mesa donde están tus hijos.
Aquí en La Falda y aunque no estén escritas, las listas negras existen, hay hijos y entenados, privilegiados con méritos desconocidos, otros con falsos oropeles que gozan de sitiales inmerecidos y un grupo que por haber perdido la “confianza de los illuminatis” locales, porque hay evidentemente un poder en las sombras que es el que baja el pulgar a todo aquel que suene a rojo, a populista o se atreva a ser independiente y entonces aparece la margilina a que se somete a todo aquel que tiene una manera distinta de ver la realidad.
En varias oportunidades quienes no gozan del beneplácito oficial se han contactado de manera informal y hay una coincidencia sobre las listas negras y sobre los efectos colaterales que estas producen. Lamentablemente, de no producirse un cambio en la mentalidad, en quienes manejan transitoriamente la administración local, se acrecentará el número de quienes deben transitar por los márgenes por obra y gracia de aquellas.
El resultado será que gente capaz deberá buscar otros horizontes porque en la carpa del desierto “tártaro” local se dictaminó que no tienen derecho a ser considerados, no solo trabajadores de la cultura, sino vecinos en igualdad de derechos, respecto a quienes son bendecidos por las mieles del poder local, a veces sin el más mínimo mérito.
Si esto sucedió en estos cuatro años que han pasado, no queremos pensar lo que será en los próximos cuatro que quedan y que alentados por la revancha del neoliberalismo que imperará, la cultura será la variante de ajuste y persecución, como siempre sucedió con la privatización de aquella.

1) El termino beduino no nos pertenece, decidimos usarlo tomándolo de Victorio Strazza, quien es el verdadero autor de tan brillante representación simbólica.



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