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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

jueves, 17 de diciembre de 2015

La política y la esperanzada recuperación de la Argentina

Por Alberto E. Moro


"Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, y si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera"

Martín Fierro, de José Hernández


Para alguien que –como quien esto escribe- conoció hace 70 años lo que era la Argentina (no había villas Miseria) antes de que los populismo demagógicos vinieran a “salvarnos” de una supuesta injusticia social, la fiesta de la democracia que se vivió en la asunción del nuevo Presidente de la Nación en días recientes, retrotrae a esos buenos viejos tiempos del respeto y la buena educación en este gran país.
Se cumplió el protocolo ritual que establece la Constitución Argentina, en un clima de armonía colectiva, sin estridencias grandilocuentes ni personalismos absurdos por parte de quienes deben siempre saber que son simples inquilinos del poder conferido por el voto popular, cuando no simples administradores “contratados” por el pueblo para que con su honestidad e inteligencia promuevan el bienestar general. Sabemos que en los últimos años esto no se ha cumplido sino que, por el contrario, el poder conferido ha sido usado para dividir al pueblo a través de la mentira y el enfrentamiento, enriquecer a la dirigencia política a costas de los dineros públicos, y “fabricar” pobres para mantenerlos en un indigno clientelismo. Demostrando además el gobierno saliente, hasta el último momento, la más absoluta falta de respeto por los mandatos constitucionales y por los rituales simbólicos propios del sistema democrático.
Fue impactante la auténtica y festiva alegría de la gente que acompañó todo el proceso de la asunción del mando por parte del nuevo Presidente que, bueno es remarcarlo, asistió espontáneamente sin ser obligada por los punteros, motivada por el dinero, ni “arreada” como ganado en ómnibus especialmente contratados con fondos públicos. Mucha gente del interior viajó especialmente para hacerse presente con su apoyo y su esperanza de un país mejor, como indudablemente merecen los habitantes de un país tan rico (¡Y tan mal administrado!) como el nuestro.
El discurso del Presidente, nada farragoso, ni soberbio, ni omnisciente; ni agresivo sino civilizado, componedor y dialoguista, es un soplo de aire fresco en el cargado contencioso de la política argentina de los últimos doce años, fogoneado desde las más alta magistratura por los jefes de la banda para, entre otras cosas, ocultar sus escandalosos negocios a la sombra del poder. Hasta hoy y desde el comienzo de esta coalición de voluntades que ha dado en llamarse sugestivamente “Cambiemos”, hemos asistido a un reconfortante cambio unilateral de modales que generó un verdadero e impactante contraste con las vociferaciones y ataques despiadados a los que lamentablemente nos habían acostumbrado. Es una de las razones por las que Cambiemos ha logrado suplantar mediante el voto popular al injustificadamente agresivo Frente para la Derrota como ahora podríamos denominarlo.
Dejemos atrás definitivamente entonces las invectivas de la propia Presidente saliente y las predicciones catastróficas de todos los que han sido sus secuaces en el enriquecimiento ilícito, como Boudou, De Vido, Scioli, Moreno, Milagro Salas, Hebe de Bonafini, y tantos otros. Es muy posible que quienes estén sobreactuando sus negros pronósticos lo hagan con la finalidad de fingirse perseguidos en el futuro cuando la Justicia comience a hacer su trabajo, esta vez sin presiones en busca de una inaceptable impunidad para los corruptos, invariable y delictiva costumbre de los que se van.
El Peronismo ha perdido por primera vez el control político del conurbano bonaerense, lo cual es muy saludable pues ya sabemos por comprobación objetiva que la continuidad en el poder de una misma fracción política favorece la corrupción. Los llamados Barones del Conurbano son una prueba fehaciente de ello. Además vemos en el ya heptagenario partido una oxigenación renovadora que lo acerca a los valores democráticos de que careció su inspirador primigenio, por lo cual no dudamos que su nueva dirigencia no kirchnerista y algunos gobernadores inteligentes y capaces que posee, se integrarán sin más al sistema democrático republicano y federal que marca taxativamente nuestra Constitución Nacional, prestándose al diálogo y aceptando las reglas.
También tiene un papel a cumplir la dirigencia sindical, tradicionalmente aliada al peronismo, de cuya renovación esperamos una actitud alejada de los negociados y las cajas del poder, que se dedique a su función específica, que no es hacer política enriqueciéndose a espaldas de los afiliados sino defender a los trabajadores. No sea cosa que a Macri le suceda lo que a Alfonsín: 13 paros generales desestabilizadores e injustificados en menos de cuatro años tratando de hacer fracasar al gobierno de una democracia supuestamente “recuperada”.
Según el lema balbinista “El que gana gobierna, y el que pierde ayuda”, los ciudadanos honrados esperamos por parte de todas las fuerzas políticas una oposición constructiva, y no una oposición sistemática y por lo tanto destructiva. Ello significa, por si hace falta aclararlo, que las únicas motivaciones para oponerse a las leyes y proyectos que se presenten, debe ser la sana y dialógica búsqueda del interés general, en particular para los menos favorecidos por la vida o la fortuna que, según lo que acaban de manifestar el presidente y la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, serán la más alta prioridad en sus administraciones.
Según la disertación presidencial en el Congreso de la Nación ante los representantes del pueblo, los legisladores responsables (también hubo de los otros que no “bajaron” al recinto), en su gobierno habrá tres ejes temáticos fundamentales, a saber: “el hambre cero”, la lucha contra el narcotráfico, y restablecer la unión entre todos los argentinos. Es una simplificación para comunicar con sencillez sin duda, puesto que la tarea es mucho más compleja y excede con largueza estos denominados ejes temáticos. Pero pone el acento sin embargo en esos tres aspectos esenciales que son los que están destruyendo la convivencia social y degradando la calidad de vida de millones de argentinos.
Con respecto al primer punto, es inadmisible que nuestro país, cuyo potencial exportador es suficiente para alimentar a 400 millones de personas, tenga cuando menos un tercio de su población por debajo de la línea estadística de la pobreza, y a millones en estado de pobreza extrema con una elevada desnutrición infantil. Algo profundamente inmoral que debe ser subsanado a la mayor brevedad, apenas el país pueda recomponerse de la pesada herencia recibida.
También deberán acordarse políticas eficientes para la lucha contra el narcotráfico que ha crecido extraordinariamente en los últimos años con la complicidad directa del gobierno saliente, como seguramente demostrará la Justicia a breve plazo, según esperamos los ciudadanos decentes. Del mismo modo, es ya imprescindible la lucha contra el crimen organizado en todas sus formas, no solo reorganizando a las fuerzas del orden democrático sino paliando la exclusión social que persiste en alto grado no obstante las ostentosas y falaces declamaciones de la mandataria saliente.
Y “Last but not least”, por último, pero no lo último pues hay muchísimo para hacer y corregir, está el tema de la famosa “grieta” divisionista que empeñosamente se ha creado desde la más alta magistratura del gobierno saliente, según los deletéreos y maquiavélicos consejos del matrimonio Laclau, que desde su cómoda residencia en Europa se dedicaban a pergeñar métodos sociológicos para que los dictadores latinoamericanos lograran perpetuarse en el poder mediante la manipulación de las masas a las que, claro está, había que inventarles uno o muchos y sucesivos enemigos a los cuales endilgarles el fracaso de sus vanas e hipócritas promesas electorales.
Hace muchos años que la República Argentina perdió el tren del desarrollo a manos de gobiernos saqueadores, demagógicos y populistas; lo que nos ha llevado a la mayor irrelevancia de la historia en el concierto internacional de las naciones. Llama la atención en el mundo que el nuestro sea el único país que pasó del desarrollo al subdesarrollo. De ser la séptima economía del mundo, a ser una de las más desorganizadas, endeudadas e inflacionarias. Un triste record del que ya es hora de salir, y esto solo llegará cuando “los hermanos sean unidos para que no los devoren los de afuera, porque ésa es la ley primera”. No perdamos esta nueva oportunidad…



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