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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Lo que va del “estrés” al “sacrificio”

Por Alberto E. Moro

Octosílabos: Del estrés al sacrificio
todos tienen un auspicio
en su propio beneficio…
¡Y ése es el estropicio!
A.M. 6/2014


Siempre me llamó la atención la insistencia de mucha gente de La Falda en victimizarse afirmando que padecen de “estrés” con la ayuda, claro, de algunos médicos que a falta de diagnóstico certero atribuyen los malestares psico-físicos al famoso Stress. El Stress reemplaza hoy al “está somatizando” de no hace mucho y al surmenage de los viejos tiempos. Y los pacientes, tanto antes como ahora, se aseguraron y se reaseguran con esas expresiones cuyo origen y mecanismos generalmente desconocen totalmente al ser preguntados.
Así como surmenage es un estado de fatiga provocado por una sobrecarga en la actividad, “soma” significa lo substancial, lo material, el cuerpo en el caso de los humanos, “somatizar” significaba la transformación de la ansiedad y hasta la angustia de la vida moderna tan acelerada, en signos y síntomas de orden físico muy variados según las circunstancias, y cuya existencia ocasional no puede negarse dentro del campo de las especulaciones médicas.
Y el Stress, esa palabreja que no es más que una derivación del inglés “strain”, ha venido a llenar el vacío dejado por la ya olvidada “somatización”, que junto al elegante surmenage han desaparecido misteriosamente sin dejar rastros en el lenguaje coloquial. A esta rara especie de hombres, mujeres y mixtos polifacéticos, que han sido calificados en sus conjunto como un “animal simbólico”, siempre les han servido y les servirán ciertas palabras en las que depositan o descargan las tensiones provocadas por el aburrimiento, el desamparo y las incertezas de la vida. Y las palabras, empezando por “Dios”, no son otra cosa que símbolos que contribuyen a esa interrelación espiritual transmisible que llamamos “cultura” en latu sensu, es decir, en sentido antropológico.
Y para la que hoy se ha puesto de moda, estaba Selye, a quien conocí –es un decir-hace más de medio siglo en el ámbito universitario. Lo cierto es que la palabra Stress fue creada por error a partir de Strain, y castellanizada como “Estrés”. Hans Selye (1907-1982), que tiene que ver con esta historia, fue un médico y fisiólogo de origen austro-húngaro por parte de madre y padre, que nació en Viena pero, como tantos otros, a consecuencia del desastre de la Segunda Guerra Mundial, se vio obligado a emigrar, estableciéndose en Canadá, donde fue Director del Instituto de Medicina y Cirugía Experimental de la Universidad de Montreal. En 1956 publicó un estudio sobre la ansiedad y sus repercusiones que introdujo el término del que nos estamos ocupando: The Stress of life (McGraw-Hill, New York, 1964).
En sus estudios, la palabra Stress era equivalente a “Síndrome general de adaptación”, patología en la cual se encontraban ciertos síntomas psico-fisiológicos que no se correspondían con los clásicos de las enfermedades de sus pacientes. Es decir que, entre otras cosas descubrió y pudo separar ciertas alteraciones que no eran causadas directamente por la enfermedad o por la condición física de los enfermos; pero que allí estaban, perturbando la vida de las personas afectadas. Eran como un mínimo común denominador de lo que significa “estar enfermo” o sea, de acuerdo a la definición clásica, no gozar de un “completo bienestar físico, psíquico y social”. Aclaro que algunos le agregan la palabra “espiritual”, que para quien esto escribe está plenamente incluida dentro del término “psíquico”.
Hans Selye, mientras estudiaba e investigaba con ratones en un laboratorio, vivía en una pensión estudiantil en la que predominaban los avanzados en la carrera de Ingeniería, y frecuentemente escuchaba la palabra “strain” que se aplicaba a la conocida “fatiga” que sufren los materiales con el paso del tiempo, tornándolos frágiles, y pensó que lo mismo sucedía con sus ratas o conejillos de indias, y por lo tanto era posible que a los mamíferos en general, incluyendo al hombre les sucediera lo mismo.
Lo curioso del asunto, si nos vamos a la etimología, es que cuando Selye dijo “Stress” quería decir “Strain”, equivocación comprensible dado que era conocedor del alemán y del húngaro, sus lenguas paterna y materna, pero no del inglés. Cuando descubrió su error, intentando corregirlo, ya era tarde, la palabra había tomado carta de ciudadanía universal en el campo científico, y sus mentores le rogaron que no la cambiara, por lo que fue un neologismo que quedó eternamente asociado a su nombre y a su prestigio, resucitando en los últimos tiempos como un buen “comodín” aplicable a muchas situaciones.
Lo cierto es que hoy, al parecer hay una epidemia de estrés, del mismo modo que hace unos años había otras de surmenage y somatización. Y yo, que he sufrido el verdadero estrés viviendo la mitad de mi vida en Buenos Aires, ya caótica aunque no tanto como ahora, trabajando en diversos lugares y corriendo de un lado para el otro presionado por los horarios, me pregunto si alguien puede tener estrés viviendo en una ciudad paradisíaca como La Falda donde todo el mundo duerme la siesta, se levanta tarde, llega al trabajo en cinco minutos, come sin apuro y sin hacer cola, sin que nadie lo ataque por la calle, le rompa la cabeza y le robe, y que, además, goza por lo general de un clima privilegiado. Una pequeña ciudad donde es notabilísima la parsimonia con que se mueven las personas y las cosas. Un lugar donde aún no ha llegado la violencia extrema que se sufre en las grandes urbes junto al verdadero estrés de viajar como ganado, estar coartado e impedido por “piquetes” de todo tipo y vivir en palomares de dos por cuatro gastando siempre mucho más de lo que se gana.
La verdad, me causa gracia cuando escucho por doquier el “estoy estresado” de los que “la pasan bomba” sin advertir sus privilegios. O de los que también lo sufren porque nacieron cansados, y “los mata el frío o la calor” y nunca están conformes. Dicho lo que antecede, hay que reconocer también que lo que se conoce como estrés después de Selye, simplificando y condensando en una palabra sus complejos estudios, puede ser generado por situaciones dolorosas de enfermedad y afectivas, pero nunca por la dura vida que se lleva en La Falda. No se enojen mis vecinos estresados. Confío en que hayan tenido la suficiente sutileza de haber observado que este escrito contiene la pizca de humor necesaria para reírse en primer lugar de uno mismo, antes que de los demás.
Lo que sucede es que el “estrés” sirve como excusa para faltar al trabajo e ir de pesca con los amigos, reemplaza el dolor de cabeza crónico y nocturno de muchas mujeres, y hasta –hace muy poco- para que una Jueza (1) del caso de su colega Campagnoli, eluda a causa del famoso estrés su responsabilidad de votar en el oscuro proceso en el que se pretendió eliminar a un fiscal que investiga al poder corrupto que nos gobierna.
Y ya que acabamos de transitar las alternativas de un Mundial de Fútbol relativamente cercano, también me causa mucha gracia escuchar por todos los medios de comunicación masiva las hartantes entrevistas a gente que por lo general, a causa de haber dedicado su vida a patear una pelota, no pueden hablar con coherencia más allá de las trilladas frases que constantemente se reiteran y en las que se habla del “sacrificio” individual o de grupo para alcanzar los ”ojetivos”. Claro, no otro es el significado de la palabra inglesa Goal. Muchachos jóvenes, super-millonarios algunos de ellos, siempre aburren sonsoneteando con la dedicación, el esfuerzo, el sacrificio y el “trabajo” individual y de conjunto. Como si el sufrido pueblo argentino no estuviera a su altura en el verdadero esfuerzo que significa estar en el llano. Ese sacrificio de trabajar en lo que les gusta, cobrando salarios estratosféricos por un supuesto “amor a la camiseta”, con la demagógicamente proclamada finalidad de “darle alegría a la gente”. Lo curioso es que con tanto trabajo y sacrificio, además de las insufribles presiones de la dirigencia, los periodistas y el público, estos muchachos nunca sufran de “estrés”. Los que pasa es que si llegara a haberlo, se esfumarían los sponsors; Nike (2), Asics (3) y Adidas (4) mirarían para otro lado buscando alguien más “sano” en quien invertir sus jugosos dólares y euros.
Todo ello con la complicidad de un Sistema Mundial que privilegia el espectáculo y los grandes negocios que a su sombra se generan, despilfarrando ingentes sumas que bien podrían aplicarse a solucionar los gravísimos problemas que, en todo el mundo, padece la gente más vulnerable. Juego limpio y negocios sucios. Así estamos. Desde Nerón en la vieja Roma, y los crapulosos demagogos que después vinieron… Como antes, como ahora, como siempre: “panem et circenses”. Aquí, y en todo el mundo “desarrollado” o en camino de serlo, con una clase política casi siempre ambiciosa, corrupta e inmoral, salvo muy raras y honrosas excepciones.

1- María Cristina Martínez Córdoba, jueza presionada por el gobierno K para destituir a su colega Campagnoli que investigó a Lázaro Báez.
2- Niké = victoria en griego
3- ASICS = Sigla de “Anima sana in corpore sano”, la famosa sentencia de Juvenal.
4- ADIDAS = Apócope de Adi Dassler, alemán, el primero en descubrir que la indumentaria deportiva podía convertirse en un gran negocio.

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