Nombre:
Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Recuerdos de Mario Bunge relacionados con La Falda

Por Alberto E. Moro

El Hotel Edén no hacía diferencia entre enfermeras y damas ociosas...

Como actualmente se vive una cultura por y para el espectáculo, donde lo es hasta algo tan serio como la política de la cual depende el bienestar de los pueblos, la efímera e intrascendente fama tan solo alcanza a los actorzuelos, musiqueros, cantautores, futbolistas millonarios y bellas damiselas cuya fragante belleza es tan momentánea e insubstancial como la notoriedad de aquellos. Por lo que antecede, no faltará quien se pregunte al leer el título ¿Y quién es Mario Bunge?
Aquí va la respuesta para quienes solo viven en la superficialidad del espectáculo musical o futbolístico, adormeciéndose lánguidamente mientras los verdaderos “buitres” políticos que nos gobiernan hacen de las suyas enriqueciéndose a espaldas del pueblo que, por inocencia o comodidad desprovista de valores, los votó:
Mario Bunge es argentino, doctor en ciencias físico-matemáticas y filosofía. Residente en Canadá, es uno de nuestros científicos más reconocidos en el mundo entero, donde ha recibido ya 16 doctorados honoris-causa, y es profesor en diversas Universidades, además de haber publicado ya más de 30 libros.
Fue becario Guggenheim y es miembro de numerosas sociedades científicas en todo el planeta. En 1982, elegido por unanimidad, se le concedió el prestigioso premio “Príncipe de Asturias” de Comunicación y Humanidades. El acta del jurado destacó la contribución de Bunge "al análisis y fundamentación de teorías en el campo de las ciencias naturales y sociales con una larga serie de trabajos que vienen influyendo grandemente en la investigación que se realiza en estas materias, tanto en España como en Latinoamérica".
A punto de cumplir proficuos y lúcidos 95 años, razón por la cual volverá a Buenos Aires, su ciudad natal, acaba de publicar en una revista cultural (*) un interesante artículo autobiográfico titulado Los recuerdos de una vida plena. Interesante y sorprendente, en especial para los habitantes de La Falda, razón por la cual transcribimos a continuación literalmente algunos párrafos:
“Yo fui uno de los tantos subproductos inesperados de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En efecto, conjeturo que fui concebido durante una de las celebraciones del Armisticio que marcó el fin de esa guerra, la más global, larga, cruenta, insensata e impopular de la historia.
Supongo que mis padres, aunque de orígenes y formaciones muy diferentes, se encontraron accidentalmente y simpatizaron en el Hotel Edén, en La Falda, sierras de Córdoba, durante uno de los festejos de ese magno acontecimiento. Mi madre, Marie Müser –a quien todos llamaban Mariechen, el equivalente de Mariquita- era una alemana alta y hermosa de 36 años, que había inmigrado seis años antes y trabajaba como enfermera en el Hospital Alemán de Rosario. Mi padre, Augusto Bunge, cinco años mayor, apuesto, elegante, culto y de conversación interesante, era médico y diputado nacional, electo en 1916 al amparo de la Ley Sáenz Peña. Él pertenecía a una familia de las llamadas patricias, mientras que ella era de origen humilde.
Mis padres hablaban alemán y amaban a Goethe y a Schiller. A ambos les apasionaba el cuidado de la salud, la guerra los había conmovido e indignado y les había hecho oscilar entre la admiración por Alemania y su rechazo del militarismo alemán. Además, ambos estaban disponibles. Mariechen era soltera y Augusto estaba legalmente separado de su primera mujer Belén Holmberg.
Mariechen había ingresado en la Cruz Roja a la edad de 16 años como aprendiz de enfermera y había trabajado como tal en las dos colonias alemanas en China, donde el cólera era endémico. […] Al volver de China en 1912, Mariechen se enteró de que el gobierno alemán había decretado la movilización general. Ella se dio cuenta de que éste era el prólogo a la guerra que las grandes potencias, especialmente Alemania, Austria, Francia y Gran Bretaña, habían estado preparando durante décadas con el solo fin de expandir sus respectivos imperios. En cuanto se enteró de los preparativos bélicos, mi madre decidió embarcarse con dos hermanas en el primer barco que zarpara de Hamburgo.
El destino final de la nave en la que se embarcaron las tres hermanas, era Rosario de Santa Fe. Allí funcionaba el Hospital Germano-Británico, que al estallar la guerra se dividió en dos, el alemán y el británico. Las tres hermanas ingresaron en ese hospital como enfermeras. En aquella época, esta profesión era casi tan prestigiosa y bien remunerada como el magisterio, y los europeos, mucho menos esnobs que los argentinos, recibían a estas profesionales en sociedad. En particular, el Hotel Edén no hacía diferencia entre enfermeras y damas ociosas. Por añadidura, Ida Eichorn, copropietaria del hotel, era muy amiga de mi madre, de quien había sido paciente y no le cobraba. Ida y Mariechen continuaron siendo amigas hasta 1933, año en que los nazis tomaron el poder. Ese acontecimiento fue decisivo para la colectividad alemana en Argentina, ya que la dividió en dos partes, la democrática y la pronazi.
El ascenso de Hitler al poder no afectó la relación entre mis padres, porque ambos eran socialistas. Pero los desconcertó y entristeció por igual, porque ambos admiraban tanto la literatura como la medicina alemanas. Era desconcertante que esa nación de artistas y sabios hubiese caído en manos de una banda de fanáticos y criminales al por mayor. Esto era tan absurdo que muchos creían que no duraría, lo cual explica el que tantos demócratas y judíos intentasen emigrar recién vísperas de la guerra.
El texto de Bunge es mucho más largo, puesto que habla de su familia, sus estudios, sus ideas y su derrotero en general, pero aquí hemos incluido tan solo los párrafos que se relacionan directa o indirectamente con el Hotel Edén y con algunas opiniones acerca de la guerra, por considerarlo de interés para los lectores y para los estudiosos de los orígenes de La Falda. Orígenes muy humildes por cierto y desprovistos de grandes epopeyas. Además, veo este texto como una modesta contribución a la labor que realiza la Junta Municipal de Historia de esta localidad, a la cual pertenezco circunstancialmente como miembro de número.

(*) adncultura. La Nación, 14 de Setiembre de 2014



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