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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Argentina, un país artrósico?

Por Alberto E. Moro
Menos fútbol estupefaciente en la TV, que produce artrosis en las rodillas y en el cerebro, y más conciencia cívica. Como quería Sáenz Peña, sería hora de que el pueblo sepa votar… y aprenda a caminar sin prisa, pero sin pausa, en pos de su destino.


Partiendo de que la artrosis no es una enfermedad sino el resultado de un desgaste provocado por el paso de los años y las ineluctables leyes cósmicas que anticipan que absolutamente todo lo conocido sufre un proceso que puede ejemplificarse parabólicamente, de nacimiento, crecimiento expansivo, madurez, inevitable decadencia y muerte, es posible intentar la analogía con que me he permitido titular este escrito.
Porque Argentina, que es sin duda un país relativamente joven, avanza con dificultad, si es que lo que hemos visto en el último medio siglo puede considerarse un avance, como si estuviera enferma o vieja, con sus articulaciones mal lubricadas, sus músculos anémicos, su coordinación deficiente, y su mente o el cerebro de sus dirigentes, con una pronunciado Alzheimer.
Mal orientado, vacilante, y con frecuentes recaídas que lo llevan al borde del abismo, el país parece no encontrar nunca el rumbo, zigzagueando de izquierda a derecha, imposibilitado para recorrer una línea recta que lo lleve a la puerta de esa confortable casa que supo tener, admirada por sus vecinos y por el mundo entero, y que perdió malamente en sucesivas y malhadadas hipotecas que lo alejaron de un futuro promisorio.
En la etimología de la palabra artrosis, nos encontramos con el prefijo artro que significa articulación, y el sufijo osis, que es equivalente a degeneración, declive, ruina según el diccionario. En la práctica médica, se trata de articulaciones inestables, con sus superficies de contacto desgastadas, atrofia de sus cartílagos de fricción, un cierto grado de osificación de sus ligamentos, excrecencias óseas anómalas llamados osteofitos, y notoria disminución de la capacidad productiva de la membrana sinovial encargada de lubricarlas durante el movimiento. De todo esto tenemos en la política argentina, si seguimos con la analogía.
Que somos un país inestable, no cabe ninguna duda. Que hay un desgaste de la cultura política argentina, tampoco. La atrofia de los mecanismos democráticos institucionales consagrados por la constitución, que son los músculos de la patria, es obvia. La osificación desequilibrada de las relaciones entre los tres poderes que con independencia deberían gobernarnos es de una evidencia incontrastable. De que hay crecimientos anómalos en ciertas áreas del Estado y en la propiedad privada de los gobernantes no puede dudarse ni un segundo. Basta mirar el crecimiento exponencial del estrábico y de la “abogada exitosa” desde que asumieron. En cuanto a excrecencias, tenemos a los grupos piqueteros K, La Cámpora, los Planes de Vivienda como el de Sueños Compartidos Bonafini-Schoklender, la Federación de Vivienda y Hábitat de Luis D’Elía, y la Secretaría de Planeamiento Estratégico del Pensamiento Nacional entre muchas otras invenciones patoteras y aprovechadas donde se reparten discrecionalmente los dineros públicos.
Tampoco es un incógnita, sino por el contrario una certeza, la de que no hay lubricación para la fluidez de las relaciones sociales dificultadas por escollos de todo tipo que avasallan los derechos ciudadanos. Por añadidura, sabemos que lo único que funciona bien aceitado son los mecanismos corruptos de la coima, el nepotismo, el soborno, el intercambio de favores a espaldas de los votantes, y el robo descarado y ostentoso de los dineros del pueblo por parte de gobiernos populistas y demagógicos.
Como hemos dicho y sabemos, la artrosis es una consecuencia del paso del tiempo, y es generalizada. En mayor o menor medida, todas las articulaciones del cuerpo sufren ese deterioro progresivo, unas más, otras menos, y algunas de vez en cuando gritan su dolor cuando un mal movimiento o una torcedura los provoca. En las articulaciones de la sociedad sucede lo mismo. La artrosis, que es en las articulaciones comparable al desgaste de un “rulemán” o cojinete a bolillas, se acompaña casi siempre por una descalcificación progresiva del esqueleto en su totalidad, que se denomina osteoporosis. Del mismo modo que el hueso se hace poroso por insuficiencia de los depósitos cálcicos, los agujeros que producen los políticos ladrones en el esqueleto del poder lo debilitan cada vez más. Es lo que ahora estamos viendo en nuestro país, que está en manos de una banda de delincuentes políticos.
Y, ya que hablamos de porosis, los poros de la piel que es el órgano que nos conecta con los demás y con todo lo que esta fuera de nuestro cuerpo, están llenos de gérmenes nocivos. Si alguien ha visto, lo que es más frecuente ahora con Internet, las imágenes de los poros de la piel aumentados cientos de veces por el microscopio electrónico, pletóricos de verdes bacterias coloreadas para que sean visibles y que son millones, se asombraría de ver además la mugre que puede llegar a acumularse en la superficie corporal y que se ve como concreciones superpuestas que en ciertos casos la ensombrece. Ante las lacras de la política corrupta observable en la piel del país, que es la imagen que proyectamos al exterior, el cómo se nos ve, aparecemos con una apariencia estrafalaria en el concierto de las naciones: incumplidores, ladrones, poco confiables, autoritarios y mal educados. Imaginen los lectores la opinión que nos hemos ganado hace mucho, pero en especial en la Década Recontra-Perdida de la Era K, ante el planeta todo que observa con espanto el único caso en el mundo de un país que de ser “desarrollado” pasó a ser “sub-desarrollado”.
El desgaste de un gobierno causado por los movimientos corruptos y las torceduras de la moral, hacen que de tanto en tanto salte el pus de un escándalo o que, al agravarse el mal por el aroma nauseabundo de la podredumbre ambientada en el poder, comience a doler por todas partes y cada dolor, al ser más fuerte tape al del día anterior. Al subir la fiebre y la concupiscencia circulatoria del dinero, se hace evidente el riesgo de embolia, o su pariente cercano el “embole”, como se lo conoce vulgarmente. En estos casos se hace imprescindible recurrir a esos medicamentos efectivos pero peligrosos como la Cortisona –no confundir con Cortesanos que se venden sin receta y que tienen extraños e indeseables efectos secundarios. Si no me creen, pregúntenle a Campagnoli acerca de los efectos secundarios que puede producir el uso de uno de esos remedios cuya nombre comercial es Justicia, muy efectivo pero de poco uso en nuestro medio.
Y si a ese cuadro ya francamente patológico le agregamos no ya la asechanza, sino la directa contaminación con enfermedades de alta morbilidad como la delincuencia asesina, el crimen organizado, el narcotráfico asociado al poder, y la corrupción política, tenemos ya una noxa casi terminal de la que tal vez solo podamos salvarnos cambiando urgentemente de médico o de hospital, porque puede tratarse de complicaciones “hospitalarias”. Ya sabemos que el poder es muy “hospitalario” para el poderoso virus de la corrupción, que no será el Ébola, pero también Embola.
Pero a veces sucede que el equipo médico que es incapaz de atender concienzudamente al enfermo, no se quiere ir hasta terminar de matarlo para que no se descubra su ineptitud. Ya sabemos que los médicos guardan sus errores bajo tierra. Y el “Primum non noccere” queda en el olvido, con perdón de Hipócrates. Por eso algunos se hacen los Boudou, que no es lo mismo o quizás sí, que el Bolú del lenguaje coloquial de nuestros avispados jóvenes. No solo no se quieren ir estos médicos del remedio político, sino que frustrados por no saber operar bien, y en venganza por su mala praxis quieren matar a toda la familia y destruir a todo el hospital. Y si es dejando una bomba de tiempo en forma de virus filtrable para que ellos puedan intentar salvarse, mejor.
Ya hemos dicho lo que significa “osis”, por lo que no se alarmen si utilizo el término “necrosis”, equivalente a la muerte de los tejidos orgánicos, proceso irreversible al que nos estamos acercando. Se nota porque ya andan rondando “los buitres”, y lo que más me temo es que hasta se anote en la patriada el más grande de todos ellos que es nuestro cóndor andino, que con este gobierno es más emblemático que nunca de la Argentina que perdimos.
Solo me queda una esperanza: que antes de llegar a la “artrosis” degenerativa, total y definitiva, cursemos una buena “artritis”, proceso inflamatorio que es mucho más ruboroso, caliente, doloroso y tumoral, pero que es tratable con Colchicina a dosis tóxicas: te hace vomitar y cagar hasta el apellido, pero te saca los dolores “gota a gota”. Y como es un cuadro muy llamativo, en una de ésas consigue llamar la atención de la adormecida Justicia Argentina para que ponga las cosas en su lugar, restableciendo la salud del paciente. Ya hemos sufrido mucho con el tórpido curso de la enfermedad política demagógica y populista, que padecemos desde hace setenta años, cuyo costo nos ha hecho empeñar hasta las joyas de la abuela.
Menos fútbol estupefaciente en la TV, que produce artrosis en las rodillas y en el cerebro, y más conciencia cívica. Como quería Sáenz Peña, sería hora de que el pueblo sepa votar… y aprenda a caminar sin prisa, pero sin pausa, en pos de su destino.

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