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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

lunes, 11 de agosto de 2014

¿Qué pasa con los Museos?

Por Alberto E. Moro

Museos que cierran, museos que ya se fueron, museos en peligro…

Al leer en los diarios las últimas noticias sobre la no apertura o lisa y llanamente el cierre de diversos museos en Argentina, recordé un viejo artículo que había escrito al respecto en un diario cordobés y reproducido luego por otros medios, titulado Museos privados, ¿ser o ser?, publicado en la Falda en el que por lo visto, titulaba con una pregunta que está plenamente vigente. Conocía entonces, y conozco ahora aun más que antes, las enormes dificultades que enfrentan quienes quieren mantener abierto contra viento y marea un museo en soledad y sin apoyos materiales. Pero, al parecer, las dificultades subsisten aún cuando se trate de museos privados con ayuda oficial, como fue el desaparecido Museo Ambato de La Falda, y aún con museos oficiales, es decir que están totalmente a cargo de entidades pertenecientes al Estado.
El anuncio en los diarios de que la Casa-Museo del gran escritor argentino Manuel Mujica Láinez, situada en La Cumbre, una localidad cercana a donde esto se escribe, está por cerrarse por su inviabilidad económica, refrenda mi tesis acerca de que ningún museo es no solo rentable sino ni siquiera sustentable si no recibe apoyos externos. Tanto más si ese museo es privado, creado por un entusiasta, un héroe o, lo que es peor, un inconsciente que no percibe que deberá mantenerlo en soledad.
En el caso de Mujica Láinez, según creo, hay una Fundación detrás, pero eso no es suficiente cuando el museo no tiene al frente personal creativo y experimentado, ni está situado en una gran ciudad donde pueda encontrarse una gran masa de público suficientemente culta y adecuadamente motivada. Parte de la invalorable traza vital del escritor representada por su biblioteca, según tengo entendido, ha sido ya enajenada para recaudar fondos.
Es el caso también del Museo del Deporte “Pierre de Coubertin” de La Falda, a mi exclusivo cargo, que inexorablemente dejará de existir cuando no haya un entusiasta, y además entendido en la materia, que le dedique sus energías –nunca mejor expresado- “por amor al arte” en todas sus formas. Este museo también ha tenido que vender una de sus piezas más valiosas, única en América Latina, a un coleccionista extranjero para poder seguir adelante. Esto es tristísimo, aunque a nadie le importe…
También en estos días, el mayor diario de Córdoba hacía saber a sus lectores que el Museo Arqueológico Provincial “Aníbal Montes” de la localidad de Río Segundo-Córdoba, permanece cerrado desde hace 8 años.
El importante Museo de Arte Religioso Luis de Tejeda, no obstante encontrarse en una ciudad capital muy visitada por los turistas, estuvo cerrado dos años, reabriéndose en el presente por un acuerdo entre el Arzobispado y la Municipalidad, lo que demuestra que es imprescindible el apoyo de una entidad económicamente poderosa, ya sea ésta estatal o privada.
Si esto sucede con los museos bien situados, con apoyos institucionales, que tienen dificultades para subsistir… ¡Qué queda para los “museos de padre único”, como los llamó una vez la Unesco, que nacen como una rara flor lejos de las grandes concentraciones poblacionales y que no cuentan con más recursos que los que pueden aportarle sus fundadores!
Me he referido a estos casos puntuales porque han sido registrados por los medios en la última semana, pero tengo la certeza de que, por lo que he visto a lo largo del tiempo, hay infinidad de casos similares que se repiten por doquier en nuestro entorno sudamericano, donde las autoridades por lo general no descubren o no registran lo que ha sido repetido hasta el cansancio por la UNESCO (1), por el ICOM (2), por el Pacto de Costa Rica, y por todos los organismos integrados por gente de la cultura con formación humanística en el mundo: Los museos, la conservación del patrimonio integral, a través de su adecuada y explicada exposición, constituyen un atractivo turístico de primer orden y son, además imprescindibles para conferir identidad a los habitantes del lugar donde se encuentran. Ya he mencionado en otro escrito sobre esta temática el caso paradigmático del Museo Cuggenheim en la ciudad española de Bilbao que es uno de los tantos que han reverdecido un lugar decadente.
En Francia, país de los museos si los hay, también se ha observado desde hace tiempo la reticencia de “la gente” en general a asistir a los museos como medio de saber más sobre sí mismas y sobre el mundo que hemos sabido construir, porque de eso se trata precisamente, de ir a lugares donde uno pueda salir enriquecido como persona, conociendo más sobre el grupo humano al que pertenece desde sus orígenes, y sobre el funcionamiento de la sociedad a través del tiempo. Ante esto un especialista, sin escatimar ironía, en una boutade que da para pensar hacia dónde vamos, preguntó ¿Quieren que la gente vaya a los museos? Pues, hagan un concierto de Rock dentro del museo… Y aunque esto no es más que una broma, nos vienen de perilla las aclaraciones que al respecto acaba de hacer en una entrevista el experimentado español que será el nuevo Director Artístico del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba): “Un museo no es un parque de atracciones. Si alguien quiere eso, o un balde de pochoclo, sabe a dónde ir. El museo debe ser consumido desde un lugar reflexivo. Que sea un intercambio intelectual y estético. Cada uno se va a llevar lo que quiera. Si alguien tiene tres minutos, se va a llevar lo que le quepa en ese tiempo., y si alguien quiere profundizar hay que ofrecerle esas capas de conocimiento.” (3)
Las estadísticas realizadas sobre una veintena de museos franceses por el conocido antropólogo francés recientemente desaparecido Pierre Bourdieu (4) mostraron claramente que la concurrencia a los museos depende en gran medida del nivel de educación que se ha recibido en el hogar y en los institutos de enseñanza, que son los que crean las llamadas “necesidades culturales”. Que no son las necesidades básicas, primarias de las que tantos humanos carecen, aún hoy en un mundo que parecer tornarse cada vez menos equitativo. Y se pregunta por qué resultan ser esas necesidades culturales que en parte satisfacen los museos, un privilegio de las personas cultas, educadas, cuando por lo general hay pocas cosas más abiertas y con mayores posibilidades de acceso que los Museos. Transcribo textualmente algunas conclusiones de tal estudio: “La existencia de una relación tan brutal entre la instrucción y el grado de frecuentación de los museos basta para demostrar que solo la escuela puede crear o desarrollar la aspiración a la cultura. […] La escuela podría compensar, al menos parcialmente, las desventajas de los que no encuentran en su medio familiar el estímulo de la práctica cultural”.
También explica en cierto modo la relación de los museos con el turismo y la clase social: “La proporción de la gente que dice haber ido a los museos porque tiene la costumbre de visitar los museos de las ciudades o de la región que recorre, crece de modo notable a medida que se asciende en la jerarquía social, lo que parece indicar que el turismo se concibe con más frecuencia como una empresa cultural a medida que se asciende en esa jerarquía”.
El estudio precedente, que es de 1964, me permite aventurar lo que hoy puede observarse en esta sociedad del espectáculo en la que hemos devenido, la masividad de público en ciertos espectáculos de menor calidad artística, en comparación con los de jerarquía más elevada. Porque los distintos niveles de jerarquía en todos los campos, existen y seguirán existiendo, no obstante el esfuerzo des-jerarquizador que se hace desde ciertos regímenes políticos demagógicos para nivelar hacia abajo, hecho observado desde hace tiempo en Argentina. “Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”, diagnosticaba Discépolo hace ya muchos años.
¿Qué pensarían las Musas, hijas de Zeus, Rey de los Olímpicos, y Mnemósine, Diosa y guardiana de la Memoria, que supuestamente habitan los museos, acerca de todo esto? Quizás que los que no cuidan la memoria de la humanidad contenida en los museos son como los que al no saber de dónde vienen, no encuentran nunca vientos favorables porque no saben hacia donde van…

1) UNESCO: Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura.
2) ICOM: Consejo Internacional de Museos.
3) Entrevista a Agustín Pérez Rubio, La Nación, 1/8/2014, Suplemento Sociedad.
4) Pierre Bourdieu. Les Musées et leurs publics, publicado en L’expansion de la recherche scientifique Nº 21, pág. 26-28, Paris 1964.

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