Nombre:
Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

jueves, 3 de abril de 2014

“La noche dejó de ser divertida”

En una extensa conferencia de prensa la familia Bonelli, propietaria de la emblemática discoteca faldense, enunció los motivos del cierre definitivo de la misma. “Era venir todas las noches a combatir a una trinchera”, expresó Sonia Bonelli.

por Néstor Pousa

Una mañana de mediados de enero de este año fuimos accidentales testigos de cómo la furia de una pala mecánica arrasaba con las ruinas de lo que alguna vez fue Gregor. Lo que había sido una de los dos locales bailables más históricos, tradicionales y emblemáticos de La Falda (aunque últimamente cerrado y convertido en aguantadero denunciado por los vecinos) terminaba sus días reducido a una montaña de escombros y con un posible futuro de playa de estacionamiento. Un destino muy funcional pero para nada trascendente.
El otro boliche (según la vieja denominación) que en otras épocas se disputaba la supremacía con Gregor era Bonbai. Y quiso el destino, la casualidad o vaya a saber qué, que dos meses después de la caída de los maltrechos muros de aquel, Bonbai anunciara su cierre definitivo. ¿Cierre definitivo? La especie se viralizó por facebook con la epidémica velocidad de las noticias que no necesitan de una operación de prensa para conmovernos. Los habitantes de la red social creada por Zuckerberg tuvieron dos reacciones lógicas: invocar a la nostalgia de la memoria emotiva; y empezar a preguntar los por qué de tan insospechada decisión.
Aparentemente, con la misma velocidad el rumor ganó las calles, espacio no virtual en el cual las versiones una vez echadas a rodar suelen tomar, por impericia o mala leche, las formas más inverosímiles, lo que vulgarmente se conoce como teléfono descompuesto.
Debido a esto los propietarios y fundadores de Bonbai, con 40 años de actividad, decidieron ofrecer una conferencia de prensa para desactivar la versiones que circulaban sobre la inminente desaparición de la última de las grandes discos de la ciudad.
La mañana de viernes 28 de marzo, puntualmente a las 11, la familia Bonelli en pleno esperaba a la prensa en las mismas instalaciones de Bonbai. A la cabeza Víctor Bonelli y su esposa Sonia, flanqueados por sus dos hijos: Paulo acompañado por su esposa María Laura y Gustavo con su esposa Lorena. De esta forma echaban por tierra el primer rumor que decía que el negocio bajaba la persiana por conflictos internos de la familia. Allí estaban ellos seis, como un bloque sólido y un discurso coincidente, derribando la primera hipótesis urbana.
Lo que sigue son algunos pasajes textuales de la extensa charla. “Hemos tomado la lamentable decisión de tener que cerrar nuestras puertas. Como ven somos una familia como siempre fuimos, la que manejó siempre el negocio, por esto de que ya andan diciendo que nos dividimos o nos peleamos, ya me lo han preguntado más de una vez. La decisión pasa por otro lado, lo que nosotros dijimos es que la noche dejó de ser divertida. Esta no es una decisión que se tomó al azar o de un día para el otro, muchos piensan que fue de golpe o que surgió de la nada, sin embargo lo veníamos evaluando desde hace muchos años. También quiero destacar que no es una movida de prensa, para cerrar y de acá a un tiempo volver a abrir. El tema es que la noche va para un lado y nosotros para otro. A nosotros nos educaron de una forma y antes de permitir cosas con las que no estoy de acuerdo, prefería poner llave. Bueno ese momento llegó, lamentablemente” (Gustavo Bonelli).
“La decisión de cerrar el boliche lleva más de cinco años dando vueltas, los factores son múltiples y los veníamos viendo desde siempre, pero se hicieron más presentes y se agudizaron en los últimos años. La noche está tomando un rumbo que se aleja de lo que nosotros siempre quisimos ofrecer, esto se manifiesta cada día más profundamente, la juventud no busca solo la diversión, sino que pretenden encontrarla en otros elementos, en otros factores de la noche, varios de los cuales nosotros estamos en contra. A todo esto se suma la violencia que hoy la sociedad tiene, con un poco de complicidad de los padres que no controlan lo suficiente a sus hijos, no saben dónde están, o que están haciendo, y nosotros como boliche no nos podemos hacer cargo de la sociedad y de la juventud. La culpa no la tiene la gente joven, la tenemos todos como sociedad, la tienen las instituciones por una infinidad de razones, y esto viene sucediendo desde hace muchos años e impacta en la noche de La Falda. Y no es La Falda sólo el problema, ocurre en muchos lugares, pero bueno, a nosotros nos toca vivir acá. La noche cada vez es más complicada, a mi hermano y a mí, mi papá y mi abuelo nos inculcaron otra cosa, nosotros en esa no queremos entrar, nosotros queremos ofrecer diversión, lo más sana posible, tratando de agiornarnos a los tiempos que corren, pero los tiempos que corren se nos escaparon de las manos. Yo también tengo una hija y el día de mañana no le puedo decir ‘esto es malo, esto no lo hagas’, si yo en mi negocio estoy haciendo la vista gorda. No va ser fácil despedir este negocio al que le venimos poniendo el hombro tantos años” (Paulo Bonelli).
A su turno, Sonia Bonelli, con la voz quebrada y lágrimas en los ojos, dejó de lado los eufemismos y llamó las cosas por su nombre: “Son varios los factores, pero una cosa es el alcohol y otra cosa es cuando le metieron una pastilla adentro. Muchas veces yo he dicho ‘Ud. no toma más y se va a dormir a su casa’, estábamos hablando del alcohol. Pero si le ponen una pastilla al alcohol es muy difícil que acepten que una mujer les diga eso. En este momento no lo aceptan, no hay respeto por quien está al frente de un boliche, yo dejé de trabajar hace diez años porque ya se me hacía muy difícil, era venir todas las noches a combatir a una trinchera donde vos no sabés de donde van a venir las balas, porque la violencia de hoy no es la misma de otras épocas, la droga mezclada con alcohol hace que esa violencia a veces sea incontrolable. Yo como madre sé que mis hijos, que están poniendo el pecho todos los sábados, están expuestos y que mis nietos que van a ser la próxima generación van a estar expuestos. Y una cosa más: también hemos estado bastante solos, no hubo una sociedad que nos apoyara en esta lucha, era más cómodo que yo les cuidara los chicos y no decirles no salgas. Entonces le decían a los padres que iban a Bonbai y se iban a otro lado, porque en otro lado la joda es más pesada, y nosotros no queremos joda pesada, queremos diversión sana. A los chicos de seguridad les enseñé como tratar con una persona en estado de ebriedad, ¿cómo les enseñás a tratar a una persona falopeada? Si no lo puede hacer una fuerza de seguridad especializada en narcóticos. Cómo puedo yo controlar algo que la Federal y la Gendarmería no pueden controlar. Yo me tuve que adaptar al cambio de los tiempos, pero hay un límite. Por otro lado no hay fórmulas mágicas, en estos cuarenta años tuve que aguantar muchos gobiernos y muchos jefes de policía, cada uno venía con un librito nuevo, con normas nuevas. En este momento, una ridiculez, la municipalidad me obliga a que controle que no se fume adentro del boliche sino me hacen una multa, nadie me dijo que controle si se toma falopa o no, parce que solo fumar es ilegal, lo otro no”.
Víctor Bonelli en estos cuarenta años fue propietario, gerente y barman, y cuando no existía la figura del “seguridad” o patovica, era quien en persona se encargaba de poner orden si alguien se descontrolaba demasiado. En sus palabras fue tan contundente como sus hijos y esposa: “La noche ha cambiado, las reglas son distintas y no tenemos apoyo de los entes que deben regular todo esto. Antes podías hablar con la gente y explicar tus razones, ahora nadie te escucha, entonces es difícil seguir. En este momento estamos muy lejos de lo que nosotros queremos. Antes vos ibas y le decías a un padre lo que estaba haciendo su hijo y te escuchaba, ahora no te escuchan, ahora es imposible y te cuestionan por qué te metes en su vida. Yo tengo casos de gente que hablé con sus padres y ahora me lo agradecen, porque si vos me dejás a tu hijo, yo tengo que responder de esa forma. Esa siempre fue la temática de nuestra familia, de cuidar la imagen. Llegó un momento que no lo podemos manejar, entonces preferimos dejar y hasta acá llegamos”.

El cierre definitivo de Bonbai en La Falda es un hecho y tal cual aseguran sus propietarios no hay especulación posible. Lo que no tiene precedentes es la actitud de salir a enunciar tan abiertamente ante la opinión pública los motivos de la drástica decisión. A nadie que camine las calles de la ciudad y transite sus noches puede decir que son descabellados los argumentos expuestos. Lo cierto es que Los Bonelli con su actitud patearon el tablero; resta ver quién se atreve ahora a juntar las piezas de una sociedad en jaque.-
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El mes de abril será el de la despedida de Bonbai, para el cual ya hay programadas cinco noches de fiesta:

Sábado 12/04: Matinee Despedida desde las 21 hs.
Sábado 12/04: Banda en Vivo!!!
Viernes 18/04: Noche Descontrol
Sábado 19/04: Fiesta 40° Aniversario
Sábado 26/04: Mega Fiesta Despedida (Espacio Retro para mayores de 25 años con Tobe Dj y Espacio Fiesta con Show en Vivo)


Una sociedad violenta que impide el libre ejercicio del comercio

Las declaraciones públicas de los propietarios de la Disco Bon Bai necesariamente tienen, como sociedad, que preocuparnos y ocuparnos, porque sostienen con argumento fundado que han sido superados por una sociedad violenta que les impide seguir explotando el rubro comercial que han ejercido por cuatro décadas.
Sin dudas, que BonCon y BonBai (en la etapa contemporánea), marcaron sus épocas y las vidas de faldenses y de visitantes que gozaron de los tiempos en que ir a bailar era un sano divertimento y una posibilidad de socializar, a extremos que debe haber miles de parejas conformadas que entrecruzaron miradas y se entregaron a los primeros besos y caricias en esas instalaciones, esas guardan los mejores recuerdos. Pero, es evidente, los últimos tiempos, entendiendo por estos a entre ocho y cinco años atrás, comenzaron a tener una escalada de violencia que para los dueños del bailable, según sus propias declaraciones, fue en incremento y que superó todas las posibilidades de control. Lo dicen con total claridad, las instituciones estatales no han podido controlar la distribución y comercialización de drogas y estupefacientes, y con ello se ha llegado a una situación de latente y permanente violencia que hace imposible seguir brindando el servicio con la seguridad mínima necesaria.
Rememoran que en otros tiempos podían controlar el consumo de bebidas alcohólicas con el simple llamado de atención y que en la actualidad no pueden hacerlo porque otras sustancias no permitidas forman parte de la ingesta; que antes se comunicaban con los padres y los imponían de las situaciones por las que atravesaban sus hijos, pero que ahora eso se ve imposibilitado porque para algunos la respuesta inmediata es que no se metan donde no deben. No hacen mención directa, pero sostienen que venían a combatir a una trinchera, a los desmadres que se dan a las salidas, donde jóvenes, varones y mujeres, la emprenden a golpes de puño y patadas, siendo espectadores de esos desmanes y a veces contenedores de esas violentas expresiones los remiseros…y únicamente estos.
Seguramente, que las declaraciones de los dueños tendrán por estas horas destractores, algunos porque son parte involucrada en la violencia, otros porque no les importa, y otros porque pensarán que atenta contra la tranquilidad y seguridad que vendemos. Pero, quienes asuman con seriedad lo planteado, necesariamente tendrán que admitir que ha sido una actitud valiente, que debe haber tenido como fin el de ser un disparador para que se decida abrir un espacio de reflexión y debate, y en base a ello se formulen estrategias y acciones que reencausen la convivencia entre los jóvenes, y que por sobre todo tenga un decidido accionar en cuanto a desbaratar la distribución y comercialización de sustancias tóxicas.
Sí, sabemos y somos contestes que no es tarea fácil, porque es obvio que el narcotráfico se ha inserto en todos los niveles de la sociedad, y que tiene poderosos encubridores en los más altos niveles de decisión empresarial, política y de las fuerzas de seguridad. Pero esto no debe ser razón para la parálisis, ni para escudarnos en el remanido concepto de que a nosotros no va a pasarnos porque somos una sociedad diferente, y observamos desde ese atalaya los hechos negativos que nos circundan como aislados y excepcionales. Hoy, lo excepcional, es que una familia que, por décadas, se dedicó al rubro del divertimento nos dice que no puede divertirnos, alegrarnos u ocuparse de nuestro ocio porque la violencia social la ha superado y da razones que todos conocemos por experiencia propia, de terceros, o al menos las intuimos. Hoy, el interrogante debería ser, esa violencia, de la que se supone todos renegamos, ha golpeado a su puerta, esperamos a que golpee a la nuestra y nos encuentre indefensos o hacemos algo. Todo indica que habría que hacer algo, el qué, es una cuestión que debe ser orientada por aquellos que tienen alguna experiencia en la materia, pero en la que deberá considerarse la participación del conjunto social, porque sabemos que se nos dirá que es una situación que está relacionada necesariamente a lo educacional y que ello determina un espacio de tiempo para su asunción e internalización, pero hay un mientras tanto, y en esa transición deben existir contenedores, porque sino el cáncer hace metástasis y la solución, si alguna vez llega, será extemporánea y por ende inútil. Entonces, poner manos a la obra es comenzar a poner los límites que correspondan en el ámbito familiar, y continuarlos en la escuela, en el boliche y la calle, en lo que a los jóvenes respecta, y los adultos a ejercer de tales refrendando el accionar con el ejemplo. Caso contrario, perderemos lo más estimado que son nuestros jóvenes, pero también la tranquilidad y seguridad, que en nuestro caso promocionamos y vendemos a terceros para que vengan a disfrutarlas en nuestra ciudad.

N.H.

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