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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 19 de abril de 2014

Columnista de Ecos de Punilla responde

“Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva y suele ser usada para reforzar fines políticos […] Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político, como sucede con la memoria, sino con la verdad y la Justicia como únicos imperativos.”
Tzvetan Todorov (*)

Estimado Sr. Ramón Giménez:
Coincido con usted de que ya sería hora de ponernos todos de acuerdo en lo que esperamos de la política con respecto al futuro del gran país que puede y debe ser la Argentina. Ésa es la búsqueda de todos los compatriotas bien intencionados. Pero ello implica olvidarse del pasado, aceptar los errores cometidos, y dejar de lado las creencias que uno tiene o que le han inculcado con una eficiente propaganda, y que impiden “blanquear” lo sucedido y aceptar la realidad.
Lo cierto es que la división y el enfrentamiento que antes hubo y que ahora se ha inoculado nuevamente generando amigos y enemigos entre hermanos de una misma nación, ha sido siempre un bajo recurso político del que debe hacerse cargo el peronismo de antes, y el de ahora que seguimos padeciendo con las enfermizas teorías de Laclau o sin ellas.
Usted cita los dichos del último Perón, cuando regresó ya anciano entornado por un brujo maléfico y una inepta que se nos forzó a aceptar (a ella, a ustedes y a nosotros) como Vicepresidente de la Nación, y cuyos desaguisados como titular del cargo sucesorio provocaron la intervención, aún así injustificada, del llamado “partido militar” con las terribles consecuencias que todos conocemos.
Entre otras cosas que podría detallar, le recuerdo que Perón echó de la plaza a los cobardes pone-bombas y asesinos de las guerrillas que él mismo había alentado desde España, cuando descubrió que querían usarlo para encaramarse en el poder y convertirnos en un régimen comunista a la cubana. No solo los echó, sino que de inmediato, cuando los Montoneros en represalia mataron a Rucci, uno de sus hombres de confianza, organizó la tristemente célebre “Triple A”, que se encargó de buscarlos y asesinarlos inaugurando el famoso “terrorismo de Estado” que la flaca memoria de los argentinos, y la propaganda kirchnerista, parecen atribuir solo a los militares del Proceso, olvidando que el General Perón fue su creador. Y que su mujer en uso de la Presidencia ordenó su exterminación a las fuerzas armadas, en vista de que seguían los atentados bajo un gobierno constitucional.
Como seguramente usted y otros detractores seguirán diciendo que yo “descalifico”, “miento” y quiero “desinformar a la juventud”, cuando en mi opinión es todo lo contrario, quiero advertirle que tengo sobrados argumentos para pensar como pienso acerca del daño inconmensurable que el peronismo le ha hecho a la Argentina haciéndole perder el tren de la historia, y ubicándola en el pobrísimo lugar que hoy ocupa en el concierto de las naciones, junto a Venezuela y Cuba, las únicas dos rémoras tiránicas de América.
Por respeto a un hombre que ya no está en el mundo de los vivos y que mal o bien forma parte de nuestra historia, tengo que moderarme en mis apreciaciones, pues contrariamente a lo que ustedes creen, después de haber sido en mi juventud un “contrera” visceral, término que Perón utilizaba, he estudiado más tarde desapasionadamente sus acciones, y sé muchas cosas que ustedes seguramente desconocen. No sé si usted o el otro señor deslizaron en una de sus cartas que yo no había “leído” a Perón. Lamento desilusionarlos, he leído casi todo lo que escribió por encargo de sus superiores o para hacer méritos dentro del Ejército –para lo cual fue habilísimo- en la Biblioteca del Comando en Jefe del Ejército, algunos de cuyos libros me fueron obsequiados y todavía conservo. Además podría citar textualmente las frases de sus discursos en los que fomentaba el odio y amenazaba a los argentinos que no estaban de acuerdo con sus métodos despóticos, con las fechas exactas en que pronunciaba esas diatribas. Seguramente ustedes no saben que mientras estaba en Italia como agregado militar, sufrió cinco días de arresto por haberse descubierto en Buenos Aires que en varios de sus escritos había cometido plagio, hecho muy común entre quienes no son verdaderos escritores. También podría contarles porqué hubo que falsificar su partida de nacimiento para que pudiera entrar al Ejército cuando eligió esa carrera en lugar de Medicina. También conozco, a través de escritores que se han ocupado de ello, las magistrales jugadas que hizo como coronel explotando las desavenencias entre los Generales Ramírez, Rawson y Farrell, que le permitieron finalmente acceder a la Presidencia de la Nación. Y muchas otras cosas más nada edificantes sucedidas después y que, como dije no menciono por respeto a un hombre ya fallecido que pertenece a nuestra historia. Era eso, un hombre, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Como todos nosotros. No un Dios infalible y perfecto, como pretenden sus seguidores fanáticos.
Yo hablo con la certeza que me da el conocimiento, por lo que me parece absurdo que usted atribuya mi manera de pensar a la influencia de escritores como Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo grandes nombres de la literatura argentina, que precisamente por ser inteligentes veían con claridad que con Perón llegaba el fascismo a nuestro país. Su ataque al intelecto con esa aseveración, me retrotrae lamentablemente a la famosa expresión “alpargatas sí, libros no” que coreaban los seguidores del líder a quien usted admira por imperativos sentimentales. En definitiva, se trata de la eterna diferencia entre saber y creer. Cada ser humano puede creer lo que quiera, pero la única verdad es la realidad, ¿no es así?
Como en esta polémica se ha citado la opinión personal de viejos pobladores de La Falda para aportar datos sobre hechos positivos que sucedieron durante la primera presidencia de Perón, que los hubo, me voy a permitir hacer lo mismo, para corroborar las acusaciones de fascismo que no dejaron de observar todas las personas bien informadas del país, hayan sido o no escritores. En La Falda, hace 68 años, exactamente el 24 de Febrero de 1946, cuando se presentaba la fórmula Perón-Quijano, el Dr. Salomón Meirovich, de activa participación en todos los emprendimientos sociales del pueblo, decía en un discurso: “El peronismo fascista no necesita hombres libres, el peronismo fascista repudia la instrucción, el peronismo fascista necesita esclavos o clientes para el engranaje del estado… […] No podemos estar ausentes en esta lucha terrible entre el bien y el mal, entre la razón y la fuerza, entre la verdad y la mentira, entre la democracia y el peronismo fascista”. Ese médico era un hombre que, por su condición confesional, había estado muy atento a los atropellos del Eje nazi-fascista en Europa, que llegaban a su fin no sin antes sembrar el horror de muchos millones de muertos en el viejo continente. Y probablemente, era una de las primeras ocasiones en que alguien denominaba “peronismo” a lo que hasta entonces era el Partido Laborista de Cipriano Reyes, cuyo candidato era el Coronel Perón.
Como todo el mundo sabe, o debiera saber, Perón pertenecía a una logia nominada GOU (Grupo de Oficiales Unidos), cuyo objetivo era evitar que se declarara la guerra a la Alemania Nazi por un lado, y evitar que en Argentina se formara un frente político comunista contrario a los nazis y fascistas, por el otro. Esta logia fue la que decidió el golpe de 1943 que derrocó a Ramón S. Castillo, Vicepresidente y sucesor del Presidente Roberto Ortiz, muerto por enfermedad, y la segunda participación del Perón en un episodio “golpista”, pues ya lo había hecho como oficial de menor graduación en la revolución del General Uriburu.
A las afirmaciones de que “el peronismo es un sentimiento”, como esgrimen algunos, respondo con la contundencia de los hechos históricos, que como han corroborado ustedes al no responder ni contradecir ninguna de mis preguntas, son irrefutables. Mi ventaja es no solo haberlo vivido y estudiado el peronismo sino, por mi edad, haberlo sufrido en vivo y en directo desde sus orígenes.
Suscribo la frase de Todorov consignada en el subtítulo. Una cosa son los hechos comprobados de la Historia; y muy otras las creencias, que responden al sentimiento más que a la verdad.
Le saludo muy atentamente y, como ya he dicho en mis respuestas anteriores, sin rencor alguno.

Alberto E. Moro
La Falda, Abril 10 de 2014

(*) Tzvetan Todorov, semiólogo, filósofo e historiador búlgaro-francés. Las palabras citadas fueron publicadas en el diario español El País el 7 / 12 /2010, luego de una visita a la Argentina. Citada por Ceferino Reato en La Historia es más que la memoria, Diario La Nación 10 /4 /2014, pág. 15.
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P.D.: Sr. Director de Ecos de Punilla, siguiendo sus sugerencias, y a fin de no abusar del espacio cedido a Correo de los Lectores, personalmente doy por terminada esta discusión epistolar, salvo que haya nuevas cartas, en cuyo caso no podré evitar contestarlas

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