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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

viernes, 12 de junio de 2015

De Príncipes y Coristas…. (parte I)


Por Rubén Rubio (Junta Municipal Historia La Falda)

La visita o eventual estadía de una persona conocida a nivel mundial a una localidad pequeña, daba cierto “lustre” a ese lugar. Veremos algunos de ellos como ¿huéspedes? del Edén Hotel de La Falda.

Desconozco si es un rasgo generalizado en el mundo. Es cierto que la mediatización de ciertas personas las han transformado, a veces efímeramente, en famosas (aunque “la fama es puro cuento” como dice el tango Mi vieja viola, de Humberto Correa).
Pero parece que ser visitado o ser anfitriones de alguna persona “de figuración social” era muy estimado hacia fines del siglo XIX y principios del XX. Y nuestra Argentina de aquella época necesitaba de estas visitas para mostrar el éxito de un modelo liberal que la había anudado a Europa.
Es frecuente leer o escuchar que, nuestra zona, particularmente el Edén Hotel, recibió visitas calificadas de “ilustres” como para señalar un tinte diferenciador de otros establecimientos hoteleros. Quizás no fue la intención de sus dueños, sino de mucha gente que ha repetido que, además de la comprobada visita fugaz de Albert Einstein, que el citado hotel recibió la visita del príncipe Humberto de Saboya, del Príncipe de Gales y de las coristas del Follies Bergere. Veamos.

PRINCIPE HUMBERTO DE SABOYA

Nacido Umberto Nicola Tommaso Gennaro Maria di Savoia-Carignano, Príncipe di Piemonte, fue el tercero de los hijos del matrimonio habido entre Víctor Manuel III (1869–1947) y Jelena Petrović-Njegoš (1873–1953), hija del Rey Nicolás I de Montenegro. Como heredero al trono italiano, utilizó el título de Príncipe del Piamonte. (1)
Siendo muy joven, fue enviado a varios países latinoamericanos con diversos propósitos: visitar las comunidades de italianos fuera del país de origen, ampliar en lo posible las relaciones comerciales que favorecieran a una Italia de post-guerra, que aunque vencedora, vivía difíciles momentos de escasez y la presencia del fascismo italiano en el gobierno desde 1922.
La República Argentina vivía el resurgimiento económico luego de la crisis agro-exportadora por la Gran Guerra (1914-1918); el país buscaba una ansiada estabilización y aumento de ganancias, especialmente para los sectores ligados a la exportación de materias primas, a la banca, al comercio. Si bien la Unión Cívica Radical estaba ya corriendo el riesgo de división entre personalistas (fieles seguidores de Hipólito Irigoyen) y antipersonalistas (que preferían seguir un programa más que a un líder), un hombre de este último sector, Marcelo T. de Alvear, como presidente electo desde 1922, se disponía a recibir al joven príncipe italiano para “jerarquizar” este rico pero lejano país del sur americano.
Las vías diplomáticas tanto del Reino de Italia como de la República Argentina generaron un detallado protocolo para que la recepción y estadía del heredero de la corona, de tan sólo 19 años, fuese grata y de regocijo para tantos italianos residentes en el país. Varios diarios, en días anteriores, habían publicado reseñas de Italia y de la casa real, en especial La Prensa.

Desembarcó en el puerto de Bs As el miércoles 6 de agosto de 1924, a las 14.10 siendo recibido por el presidente de la Nación, Dr. Marcelo T. de Alvear. El príncipe arribó en uno de los acorazados: “San Giorgio”, al mando del contraalmirante Marqués Denti di Pirajano; otra nave lo escoltaba: “San Marcos”.
Además del Dr. Alvear, lo acompañaban el introductor de embajadores, Sr Amaya, ministros e invitados especiales. El intendente de la ciudad de Bs As, Sr. Noel, dio la bienvenida al huésped. El príncipe visitante y el presidente de la Nación saludaron desde los balcones de la Casa Rosada, desde donde presenciaron un desfile de gala del Cuerpo de Bomberos. Luego una procesión de antorchas, con los colores de las banderas italianas y argentinas, completó el desfile.

Poco antes de las 21 hs. comenzó el banquete de honor, del cual los periódicos detallaron los asistentes, reglas de etiqueta así como el menú servido. En cierto contraste pero para alegrar al “pueblo”, en el muelle de pescadores de la Dársena Norte, hubo fuegos de artificios de novedosas figuras: una nevada en la Siberia, la cascada del Iguazú, las fuentes encantadas, la tierra y el firmamento. Poderosas bombas produjeron detonaciones semejantes a granadas, relámpagos y fantasías japonesas.

El presidente de la Nación, Dr. Alvear, envió un telegrama al rey de Italia, Víctor Manuel III: “En estos momentos en que el gobierno y pueblo argentinos tributan un merecido homenaje a Su Alteza Real el Príncipe Humberto, son mis deseos hacerle llegar a S.M. y a la reina, la expresión de mi simpatía a las augustas personas y su grande y noble país.” (2). Los agasajos a Humberto de Saboya/Piemonte, continuaron con “toda pompa y boato” el sábado 9 de agosto, en la Federación General de las Sociedades Italianas, donde el príncipe exhortó a todos los italianos de Argentina que “mantengan siempre vivo a la distancia el sentimiento de la nacionalidad y de la patria que los vio nacer”; más tarde visitó y recorrió el Hospital Italiano que ostentaba banderas argentinas e italianas, así como un escudo de la Casa Real de Saboya. Según la crónica periodística, allí vivió emotivos momentos que más tarde se harían masivos con la presencia de las formaciones militares argentinas en desfile y el paso de cerca de 1.000 instituciones italianas en Argentina, todos congregados en la avenida Alvear (3).
No es intención de este artículo detallar paso a paso lo realizado por el joven príncipe en la capital de la República, sino, brevemente, relatar su visita a Rosario (con su estadía en la fastuosa residencia de una familia ligada a La Falda), Tucumán, y por fin Córdoba. Y su ¿estadía? en el Edén Hotel.


1. http://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_II_de_Italia
2. Diario Santa Fe, jueves 7 de agosto de 1924, p. 2
3. Diario Santa Fe, domingo 10 de agosto de 1924, p 3


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