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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 30 de mayo de 2015

Para sentirnos humanos: Ni Una Menos - Para sentirnos hombres: Ni Uno Menos

El 3de junio en las calles y plazas del País

No es la primera vez que en este semanario se toma firme posición en defensa de los derechos de toda niña o mujer de no ser víctima de ningún tipo de violencia. Desde el campo de la pediatría son muchos los esfuerzos por enfrentar este flagelo y en lo posible con medidas preventivas sensiblemente eficaces. La violencia que padecen las mujeres es un grave problema de salud pública con consecuencias próximas a los actos agresivos y alejadas o transgeneracionales.
Ya hemos mencionado los graves problemas que amenazan a muchos niños testigos-víctimas de la violencia íntima en la pareja y especialmente cuando de femicidio se trata.
La prestigiosa revista Lancet, este año inició una serie de publicaciones en busca de evidencias, es decir de estrategias preventivas eficaces en promover dentro de nuestras comunidades un clima cultural de respeto a mujeres y niñas (prevención primaria) o de detección y atención precoz de las víctimas de cualquier forma de violencia (prevención secundaria). No han sido muchos los buenos resultados. El estudio abarca a toda la humanidad. Un 30% de las mujeres del mundo han sufrido algún tipo de agresión física o sexual por su pareja. Un 7% han sido agredidas sexualmente por un extraño. Más de 15.000.000 de mujeres en el mundo, especialmente en África han sufrido mutilaciones genitales. Cerca de
70.000.000 de mujeres adolescentes han sido obligadas a contraer matrimonio en forma forzada. Y la lista sigue incluyendo los costos económicos y sanitarios de estas violencias. De las actividades preventivas eficaces rescatan especialmente el compromiso de la comunidad, de tipo multi sectorial y con múltiples efectores. A su vez acciones concretas de prevención como la visita domiciliaria por personal altamente capacitado en situaciones de riesgo. Comenzando con lo que debemos hacer desde el sector salud, desde el embarazo que es un período de mayores riesgos de acentuación de la violencia que ya se había iniciado en el noviazgo como ha sido el caso de un reciente asesinato, por no querer abortar. Durante el parto que debe ser respetuoso. Desde la inscripción del nombre y los apellidos, observando que aunque la ley otorga la opción del apellido de ambos padres esto ocurre según mi experiencia solo en un 30%. ¿No es una evidencia más de la fuerte supervivencia en nuestra cultura de un perfil machista o del patriarcado?. Y parte desde la observación de un padre que acepta los nombres que su esposa propuso para sus hijos pero solo con su apellido. Afortunadamente las cosas con mis nietos han mejorado. No menos importante es lo que hacemos durante la crianza donde la pareja parental aprende a convivir con desafíos crecientes y conflictos, donde la oportuna orientación a la resolución no violenta es sumamente necesaria. Recordemos que la violencia no es una condición natural del ser humano, que es una conducta aprendida y modificable. Que hay muchas formas efectivas y afectuosas de tratar los problemas de conducta y agresividades y también para corregirlos, recordando que lo que se aprende en el seno del hogar se retransmite fuera del mismo, especialmente en la escuela o jardín maternal. Es en esta etapa en que surgen los roles que vamos otorgando a nuestros hijos. Leo hoy en La Nación a Fernanda Sández “ahí está el sexismo nuestro de cada día, diciendo presente de muy sutiles modos. En la mamá que manda a su energética hija de cinco años "a árabe, para que se ponga más femenina". En el papá que anota a su hijo en rugby, "para que se endurezca"…y luego agrega “No sea cosa que "equivoquen" el camino, que no entiendan a tiempo que celeste por acá, y rosa por allá, y que unos la fuerza y otras la dulzura, que unos arriba y que otras abajo. Y así nos va, aunque a veces nos espantemos de ver los resultados indirectos de tan atroz pedagogía”.
La escuela cuenta con modelos de intervención que no pueden soslayarse y que hay una continuidad entre las formas de acoso u hostigamiento en escolares con la violencia en el noviazgo en la adolescencia.
No menos importancia tienen los medios de comunicación, donde el modelo culpabilizante hacia la mujer está tan arraigado, que dos divas famosas de la TV, en sendas entrevistas hacia mujeres golpeadas, les preguntan ¿pero algo habrás hecho que le disgustara?... Recordándonos la época de la dictadura donde ante la “desaparición” de un vecino, algunas voces comentaban “por algo será”. Se suma el sexismo desenfrenado que impregna la pantalla la 24 hs. El sexo y la violencia “venden” lo que la sociedad de consumo nos ofrece, e invisiblemete terminamos por aceptarlos como parte de lo normal.
Volviendo a Lancet y su mirada puesta en la comunidad. La mitad de la comunidad, de la humanidad, somos los hombres, que lejos de seguir comentando las desgarradoras noticias luego de cada muerte de una niña o una mujer, en manos de su pareja, que se suman a la estadística anual, 730 el año pasado en Argentina, deberíamos preguntarnos que podemos hacer como hijos, hermanos, novios-parejas-esposos, padres o abuelos para que ninguna niña-mujer siga padeciendo esta dura amenaza llamada femicidio.
Nos hemos educado en el modelo del patriarcado que según la periodista Sandra Russo, es “Un sistema caprichoso de valores en el que las mujeres somos subsidiarias de la voluntad masculina, un sistema jerárquico que incluye culpa, frustración, difuminación del yo, cosificación, resentimiento”.
La participación en las actividades del día 3 de junio, en todo el país, puede ser un buen inicio de ese cambio cultural tan necesario, superando las barreras de lo géneros, las clases sociales, ya que ninguna está a salvo del femicidio, las posiciones políticas, pues nadie las acepta, que no admite la venganza como se ha dado en una ciudad de la Provincia de Buenos Aires y si reclama la justicia una instancia de seguridad que no prejuzgue conductas descalificadoras hacia ninguna mujer.
Sentirnos hombres en un camino común con nuestras compañeras de estudio, trabajo, militancia y familiares en una nueva instancia de profundo diálogo constructivo. Ni una menos y ningún ausente.

Benjamín Malamud Lerner

Prevention of violence against women and girls: what does the evidence say? thelancet Vol 385 April 18, 2015








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