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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 18 de abril de 2015

Hogares saludables y la ética social

Hace 30 años (1985) un grupo de médicos que trabajábamos en el Hospital Regional de La Falda y en otros establecimientos sanitarios de la zona central de Punilla, realizamos un estudio epidemiológico con el objetivo de conocer, utilizando fuentes de información confiable, la magnitud y características de las lesiones “accidentales” que padecían nuestros niños y jóvenes. La investigación fue luego presentada en un Congreso de Pediatría realizado en Córdoba por la Dra. Graciela Gomeñuka en representación de los autores y a mí me tocó como coautor defenderlo en los debates que surgieron a posteriori. Era un primer intento por conocer nuestra realidad local. El mismo puso de manifiesto que las lesiones o traumas en los primeros años de la vida, las causas más frecuentes de mortalidad pediátrica después del año de edad, tenían lugar en el hogar y que no era la cocina el lugar más frecuentemente relacionado con las mismas, (tal como sostenían investigaciones realizadas en Buenos Aires), sino el patio de las viviendas, el área natural de juego de los niños más pequeños. Las lesiones como otras enfermedades multifactoriales se estudian en base al triángulo epidemiológico, huésped (niños), agente (energía cinética, química, calórica, etc.) y el ambiente (humano y físico). Pasaron 10 años para que otro trabajo de investigación, esta vez ya desde CIPLA que naciera en 1994 y realizado por alumnos de la Escuela de Trabajo Social de la UNC, nos permitiera avanzar más en el conocimiento de los factores que se relacionaban con esas lesiones. Así tomamos conciencia de que las viviendas precarias, a veces sin terminar, con pozos sin tapar, piletas de lavar sin amurar, animales domésticos y cuidadores inadecuados de los niños cuando los padres trabajaban, eran los factores causales ambientales, físicos y sociales, de gran parte de esas lesiones. Concretamente, las investigaciones confirmaban lo que presumíamos y debíamos demostrar, que las viviendas inseguras o insalubres y cuidadores con conductas negligentes estaban relacionados fuertemente con los pequeños que arribaban a nuestros hospitales y centros de salud, con traumatismos de diversa magnitud, a veces de extrema gravedad, o quemaduras, intoxicaciones, mordeduras, etc. Y toda investigación debe incluir un sentido ético primordial: el compromiso de revertir o atacar desde la comunidad donde se realizan esos factores causales. En nuestro caso, entre otros, poner en conocimiento de los gobiernos municipales la necesidad de mejorar el hábitat donde crecen, se desarrollan y se enferman nuestros pacientes. Luego siguieron otros estudios de investigación donde la Sociedad Argentina de Pediatría ocupó un lugar trascendente en su planificación y ejecución. En la última publicación recibida de esa institución, los Archivos Argentinos de Pediatría, pude leer un importante trabajo investigativo realizado por médicos del prestigioso Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), donde exponen los resultados de la epidemiología relacionada con traumas en niños de menos de 3 años. En el mismo, surge con fuerza el factor vivienda junto al de pobreza, esta vez en asentamientos precarios y el factor cuidador inadecuado y negligencias u otras violencias sociales como los principales condicionantes o desencadenantes de los traumas que padecieron los niños que requirieron internación.
Coincidentemente con la llegada de esa publicación, leo un artículo de Federico Kucher el 9/4/15, en Página 12, donde menciona que “La ciudad de Buenos Aires tiene 173.721 familias con necesidades de acceder a viviendas dignas. Esto involucra a más de medio millón de porteños, indicaron en el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO). Unos 109.000 hogares sufren hacinamiento, con una cantidad de individuos viviendo en un mismo ambiente o por encima de los límites aptos para garantizar la calidad de vida. Desde la Organización de Médicos del Mundo agregaron a este panorama que 16.753 personas viven en situación de calle en la Capital Federal. Estoy seguro que un problema habitacional semejante o parecido o aún peor estará presente en otras capitales provinciales y grandes municipios argentinos. Pero lo que nos debe preocupar sobremanera es que las posibilidades que tiene la CABA no son los del resto del país. El ingreso promedio por habitante de la capital (PBI per cápita) era U$S 14.500, mientras que en Córdoba llegaba a 4.300 dólares y el último lugar lo tenía Santiago del Estero con 1.300. Y estamos hablando de promedio en un país que está ubicado en el continente más inequitativo pero donde según la CEPAL entre “2005-2012 produjo “notables progresos” en la disminución de la desigualdad”. Según ese informe “en 2012, aproximadamente un 28% de la población regional se encontraba en situación de pobreza multidimensional: precariedad de la vivienda, hacinamiento, servicios básicos, agua y saneamiento; energía, educación, empleo y protección social”, “las incidencias más bajas se verificaban en Chile, con 6,8%; la Argentina, con 8,1%; Uruguay, 9%; Brasil, 14,5%; y Costa Rica, 14,9%”.
Quienes desde nuestra profesión procuramos prevenir los problemas de salud que afectan a nuestros pacientes y en nuestro caso a los niños, no podemos ignorar los contextos sociales donde estos se enferman y para lo cual la “vacuna” no es otra que atacar los factores causales de los mismos. La pobreza y precariedad de las viviendas no solo son causa de lesiones o traumas, también los expone a los niños y sus familias a otros problemas de diversa índole como por ejemplo asma. Muchas viviendas están mal ventiladas, húmedas y eso lo percibimos los pediatras con niños que recurrentemente padecen crisis que mejoran rápidamente en las internaciones, no tanto por los medicamentos que les damos como por un ambiente libre de contaminantes, especialmente polvillo con ácaros y mohos ambientales.
Relacionar la necesidad de viviendas dignas y saludables con la ética social creo que es imprescindible. La Falda es una de las ciudades que más ha crecido en los últimos años ediliciamente pero lo ha hecho y lo sigue haciendo con un modelo de desarrollo social que puede contener los mismos vicios que en otros sitios, donde la especulación inmobiliaria, pone lejos de su alcance las viviendas que requieren la jóvenes familias de los trabajadores a veces precarizados. En año electoral, la sociedad debe tener bien en claro cuáles son aquellas prioridades en cuanto a su futuro desarrollo, donde la inclusión no puede ser un eslogan proselitista, sino parte de una propuesta que revierta los condicionantes actuales de muchas dolencias sociales y en nuestro caso de las lesiones que los niños no deberían padecer.
Bernardo Kliksberg (BK), en un artículo del 9 del corriente mes, advierte que junto a la lucha contra la pobreza emprendida por muchos estados, se desarrolla otra promoción “no tan santa” que es la promoción del lujo para pocos. De acuerdo con un estudio del Boston Consulting Group, las ventas de mercaderías de lujo superan ya los 1,8 millones de millones de dólares. Con una cifra mucho menor se podría salvar la vida de los seis millones de niños que mueren anualmente por desnutrición, falta de agua potable e instalaciones sanitarias y por no tener las vacunas necesarias, entre las razones principales.
Sin una fuerte conciencia y compromiso con la ética social esta nueva ola “neoliberal” puede aplastar muchas nuevas esperanzas de cambio. Evitémoslo: dice siempre BK en sus charlas por TV: “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”

Benjamín Malamud

(+) Trauma en Pediatría. Arch. Arg. Ped. 2015; 113(1):12-20




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