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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 17 de enero de 2015

Nuevas perspectivas en el viejo diferendo Cuba vs. Estados Unidos

Por Alberto E. Moro



El anuncio cubano norteamericano por el que ambos países restablecieron relaciones confirma, una vez más, que la política se decora con ideales, pero se amasa con intereses.
Andrés Cisneros (*)


Hay novedades en la ya antigua disputa entre los dos países, uno totalitario y el otro democrático. Novedades que los ideologizados y fanáticos acríticos de los regímenes despóticos basados en perimidas utopías reiteradamente fracasadas, pretenden presentar como un triunfo de la recalcitrante dictadura cubana, cuando no lo es en absoluto.
Hasta donde se sabe, los nuevos vientos son el fruto de secretas negociaciones entre los dos gobiernos, al parecer concretadas a través de un espacio neutral ofrecido por el Papa Francisco; y que culminaron con la decisión del Presidente Obama de restablecer relaciones entre los dos países, con el consiguiente y mutuo intercambio de embajadas. Eso es todo por el momento, dado que el cese del famoso y mal denominado bloqueo de los Estados Unidos a la isla, es una decisión que está en manos del Congreso norteamericano, dominado por la oposición republicana, en franco desacuerdo con la medida tomada por el primer mandatario demócrata del país.
Hago un paréntesis para poner en claro mis referencias al bloqueo en el párrafo anterior. No ha habido naves, ni aviones ni submarinos USA bloqueando el comercio internacional cubano, lo cual hubiera sido en verdad un bloqueo. Lo que hubo fue una decisión legal del gobierno norteamericano prohibiendo a sus propios empresarios comerciar con Cuba a los efectos de mantener bajo presión al régimen autoritario que durante tantos años sometió a los habitantes de la isla a la indignidad de un control policial del pensamiento, coartando todas las libertades individuales a favor de un paupérrimo colectivismo ineficiente y brutal. Por si no fuera suficiente, cito a Ani Mestre (Hija del escritor cubano Goar Mestre): “El bloqueo es y ha sido una gran mentira que hay que dejar al descubierto. ¿Acaso no llegan remesas desde los Estados unidos que han salvado miles de familiares de la hambruna? […] Cuba vive bajo un régimen totalitario, injusto e ineficiente, y queremos mejorar la situación del pueblo.” (1)
El país caribeño jamás estuvo “bloqueado”, sólo se le impidió comerciar con los Estados Unidos, pero nada ni nadie le impidió hacerlo con Latinoamérica, Europa, Asia y la Unión Soviética. Este último país fue durante años la tabla de salvación del advenedizo dictador Fidel Castro, al que el régimen comunista mantuvo como bastión en América para difundir las bondades revolucionarias que tanto daño hicieron al difundir en el continente el “foquismo” guerrillero imberbe y asesino.
El acuerdo es ventajoso para ambas partes, y es el resultado de la real politik que muchas veces imponen las circunstancias para evitar males mayores. Obama sorprende con este acto a la oposición, tomando per sé una resonante iniciativa y evitando aparecer como un lame duck (el “pato rengo” de final de mandato), al poner sobre el tapete el fracaso de una medida sostenida durante medio siglo, y que tan solo benefició a la tiranía cubana, que siempre la utilizó como argumento para justificar su catastrófica ineptitud.
Andando el tiempo, la implosión de la URSS significó un gran golpe para la casi inexistente economía cubana sustentada en ese apoyo, resarciéndose precariamente poco después con la ayuda interesada del Chavismo venezolano que volvió a enarbolar las banderas rojas cabalgando sobre barriles de petróleo generadores de divisas (dólares, claro, no rublos), dividiendo y sometiendo al pueblo de Venezuela, tal y como es costumbre en estas utopías de escritorio que solo generan sufrimiento y atraso para sus pueblos.
Se dice que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos o más veces con la misma piedra, y la historia política parece confirmarlo. Tal como ocurrió antes con el fascismo que al morir en Europa se trasladó a la Argentina por manos de uno de sus alumnos aventajados que había hecho prácticas in situ, Cuba tomó la posta estalinista ante la glasnost y la perestroika, transfiriéndola a su vez al “golpista” Hugo Chávez para que hiciera de las suyas en Venezuela, hasta destruir, como siempre sucede, la economía nacional. Y este país, mientras duró la bonanza, fue el sostén del desfalleciente régimen cubano, ya en manos de Raúl Castro, heredero dinástico levemente más pragmático que su barbado hermano. Como era de esperar, es ahora Venezuela la que está al borde del colapso después de soportar el huracán chavista, haciéndosele más difícil la ayuda, con lo que otra vez Cuba enfrenta el abismo de su propia ineptitud política. Pero, a grandes males, grandes remedios…
Allí está su archi-enemigo Estados Unidos, con su pujante economía, convirtiéndose en el salvavidas inesperado que puede postergar la deshonra total en la que siempre acaban estos sistemas montados sobre la megalomanía egolátrica de caudillos populistas con mucha lengua y poco cerebro, pero pletóricos de ambiciones personales. Cualquier similitud con la Argentina, es pura coincidencia…
Lo cierto es que este acontecimiento de las postrimerías de 2014, no es más que una pequeña luz en la ventana. De ningún modo puede esperarse el cese inmediato del sistema policial y opresor de Cuba con acceso a las libertades civiles, ni tampoco puede esperarse una rápida derogación de las sanciones económicas por parte del Congreso norteamericano. Toda la justamente resentida colonia cubana en los Estados Unidos, por lo demás, no está de acuerdo con el cese de las restricciones sin un compromiso democrático del régimen cubano, lo cual se ve aún como una posibilidad muy lejana.
Un factor determinante en esta tímida apertura, ha sido la gran caída en los precios del petróleo, que provocó la disminución abrupta de la ayuda venezolana a Cuba, obligándola a aceptar la vergonzosa claudicación de tener que enfundar la mandolina y la propaganda ante el supuesto “imperio” que siempre denostó para justificar sus fracasos, y que es ahora al que acude porque puede salvarlos.
La normalización que todos esperamos, menos los fanáticos y resentidos ideologizados, vendrá con el tiempo en la medida que Cuba acepte democratizarse y las inversiones lleguen a la isla. Como el capitalismo no tiene otra ideología que el afán de hacer pingües negocios, es posible que el empresariado norteamericano presione a sus políticos para que el restablecimiento de relaciones signifique algo más que palabras y buenas intenciones, para transformarse en las excelentes oportunidades comerciales que ofrece la recuperación de un país devastado por la demagogia y el más cerril de los totalitarismos.
Cuando la buena gente cubana pauperizada por el régimen castrista acceda a mejores condiciones de vida a través de una economía de mercado abierta, todavía lejana, descubrirá los valores de la libertad que le fueran denegados durante tanto tiempo. Y el pueblo podrá hacer las demandas necesarias para su ascenso social sin ser golpeado y encarcelado por disentir o ejercer su libertad de pensamiento, como lamentablemente ha ocurrido durante más de medio siglo y sigue ocurriendo ahora. Pero la biología hará su obra con los hermanos Castro, y a la anacrónica Nomenklatura soviética cubana no le quedará otro camino que aceptar vientos de cambio.
Como sé que al leer este escrito montarán en cólera los ideologizados a favor del gobierno cubano y en contra de los Estados Unidos, deseo resaltar que hablo con conocimiento de causa no solo por el seguimiento periodístico de este tema que he hecho a través de largos años, sino porque he caminado tres ciudades cubanas, en el centro y en los dos extremos de la isla, y cinco ciudades norteamericanas del este, el norte y el oeste. De modo que hablo con responsabilidad, haciendo uso de la libertad de expresión, sobre lo que he visto, oído, conocido y analizado de ambos países de nuestra América.


(*) Ex secretario de Estado de relaciones Internacionales de la Cancillería Argentina.
Diario La Nación, 31 de diciembre de 2014, primera sección, pág. 23.
(1) Ani Mestre. Se abre una esperanza. Diario La Nación, 5 de Enero de 2015.


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