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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 10 de enero de 2015

Tendencias en Cultura, Museos, y Política

Por Alberto E. Moro

“El poder político no quiere la democratización de las instituciones culturales; quiere tener allí al militante”
Adriana Rosemberg (*)


Dada la enorme diversidad de definiciones y usos que puede darse hoy a la palabra cultura, haré algunas consideraciones aclaratorias para que los lectores sepan de qué estoy hablando en este artículo al utilizar esa palabra. En sentido amplio, podría decirse que cultura es todo lo que no es naturaleza, es decir todo lo que son modificaciones del entorno y obra exclusiva de la especie humana. En sentido antropológico, se denomina cultura a todos los rasgos materiales e inmateriales que caracterizan a un pueblo o etnia determinada.
No hace mucho, se asociaba a la cultura con la práctica o el conocimiento acerca de las denominadas “bellas artes”, definidas por el francés Charles Batteaux en 1746, y que en un principio eran tan solo la danza, la escultura, la música, la pintura y la poesía, añadiéndose posteriormente la arquitectura y la elocuencia. Pero andando el tiempo, la elocuencia fue eliminada, y a las seis así consideradas, se agregó en 1911 el Cinematógrafo como “séptimo arte” (1). Va de suyo que en la actualidad esta caracterización es a todas luces insuficiente, y que otras innumerables formas de praxis artística que hoy existen, merecen estar incluidas en esta enumeración, sin dejar de lado aquellas cuyo soporte son las nuevas tecnologías.
Para el caso especial de este texto, el concepto de Cultura que pretendemos va aún un poco más allá en el sentido de que es algo que está allí, en el seno de la sociedad, como una superestructura invisible que puede o no tocarse, tangible o intangible, que no pertenece a nadie pero nos pertenece a todos. Utilizando un término de Internet, es como una “nube” siempre impredecible, siempre en movimiento. Y que es objeto de deseo de los políticos, que todo quieren controlarlo y usarlo en su propio beneficio, como vemos a diario.
En cuanto a los museos, supuestos habitáculos depositarios del fruto del accionar inspirador de las Musas de la mitología, están en plena evolución desde hace años, dejando de ser esos espacios muertos, lúgubres, mal iluminados, para convertirse en focos de irradiación cultural al abrir más sus puertas con sesiones interactivas en las cuales las personas pueden tocar, oír y ver manifestaciones vivas, plenas de color y sonido. Se han convertido en espacios multipropósito, poli-funcionales, atentos a la curiosidad de la gente, con muestras temporarias y cambiantes según esos flujos de interés.
También hoy la concepción museológica moderna lleva el museo a otros espacios o a la calle, yendo en busca de la gente sin esperar a que éstas vengan de motu proprio. Y el contenido de los museos, no pocas veces irrepetible y de valor incalculable, viaja por el mundo para conquistar y apasionar a otros públicos que de otro modo no tendrían acceso a esos bienes culturales. Es una forma de universalizar la cultura que, como ya dije haciendo uso de un oximorón, no es propiedad de nadie y sin embargo nos pertenece a todos.
También los museos, como todas las manifestaciones de la cultura, son objetos de deseo de los políticos, sobre todo si éstos son populistas y quieren apropiarse de todo, manipularlo y usarlo todo en su propio beneficio propagandístico o económico. Tenemos en estos precisos momentos un caso flagrante en nuestra propia ciudad de La Falda, en la que se han cometido serias irregularidades con un patrimonio cultural que no nos pertenece, y con un edificio que sí nos pertenece pero está en manos inexpertas a las que nadie designó ni votó para ello, a causa de un activismo oportunista que ha encontrado eco en las infames cúpulas que hoy nos gobiernan, siempre dispuestas al avasallamiento del orden público constitucional.
La lógica y deseable tendencia actual con respecto a los museos, es no solo hacia la descentralización operativa, sino a la localización de los mismos –sobre todo en relación a los museos históricos y arqueológicos- en el lugar de origen de su material. Son los llamados museos de sitio, que albergan los hallazgos arqueológicos o de acontecimientos históricos en los mismos lugares donde éstos se hallaron. Es francamente absurdo que se fomente la radicación y hasta se pretenda un cierto orgullo ciudadano por albergar una muestra museológica cuyo descubrimiento ha sido hecho hace mucho tiempo, en una jurisdicción lejana y ajena que nada tiene que ver con Córdoba. Esto va en contra de lo que hoy se espera metodológicamente y está fundado como hemos dicho, en oportunismos civiles y políticos.
Acabamos de ver en La Falda (29/12/14, ver ilustración) una típica maniobra populista avasallante de la banda K, con el lamentable e ingenuo acompañamiento de las autoridades locales mientras se arrojaban volantes con las imágenes de Néstor y Cristina Kirchner, convirtiéndose así inadvertidamente en funcionales a los corruptos que hoy gobiernan la Argentina.
En los países donde impera la relativa libertad de una democracia verdadera, el Estado no intenta interesadamente apropiarse de la cultura, sino que tan solo intenta poner un poco de orden y regulaciones facilitadoras para que la super-estructura cultural se desenvuelva en forma libre, armónica, diversificada y generalizada, beneficiando así al país y a su pueblo. Esto, obviamente, no sucede entre nosotros.
Los gobiernos populistas, siempre corruptos y manipuladores, no quieren la democratización de la cultura, no aman la libertad, y siempre intentan utilizar los eventos culturales como arietes de auto-elogio y propaganda, como si ellos fueran los exclusivos “dadores” de cultura. Adriana Rosemberg directora desde hace 18 años de la Fundación Proa (2), afirma que “el poder político no quiere la democratización de las instituciones culturales; quiere tener allí al militante”, y agrega: “La misión del Estado es ordenar, no mezclar y confundir”. En Estado Unidos, país al que los que se “comieron” la propaganda comunista, castrista y chavista durante tantos años detestan en lugar de admirar, la “cultura” está totalmente en manos de la sociedad civil, sin injerencia o con ordenamientos mínimos por parte del gobierno. Pero claro, allí funcionan los tres poderes y el sistema democrático.
En nuestro país está clarísimo el intento de utilización política de la cultura en todas sus formas. Museo del Bicentenario, puestas en escena al aire libre, Tecnópolis, fiestitas pseudo-culturales pagadas con los dineros del pueblo, destrucción de esculturas y lugares emblemáticos, reinterpretaciones interesada de la historia, creación de Institutos fracasados (Dorrego), Universidades incompetentes e ideologizadas, creación costosísima de nuevos teatros para competir con el Colón, nombramiento de simples cantautores afines sin obra destacada como Ministros de Cultura, discriminación entre escritores afines y no, son solo algunos ejemplos de lo que digo.
La Argentina, un país tan rico materialmente como para resistir sucesivos despojos por parte de gobernantes infames, y tan rico en capital social como para exportar premios Nobel, escritores, bailarines, músicos, reinas y hasta Papas, no merece este proceso destructivo encarnado desde hace tantos años en una maquinaria electoral espuria que parece representar tan solo a las bandas delictivas que asolan el poder.
Esperemos que alguna vez, cuanto antes, las mayorías populares no se dejen envolver por falsas promesas y aprendan a votar informados y a conciencia, cosa que hasta el momento y desde hace setenta años, casi no ha ocurrido.

(*) Adriana Rosemberg, La Nación 21/12/2014, entrevista, Suplemento Enfoques, Pág. 1.
(1) Ricciotto Canudo. "Manifiesto de las Siete Artes", publicado en 1914.
(2) Proa. Centro privado de arte fundado en Argentina en 1996, que desarrolla programas de educación y de intercambio con instituciones culturales.

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