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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 22 de noviembre de 2014

¿Qué tienen que ver las matemáticas con las olimpíadas?

Por Alberto E. Moro (*)

En el mundo todavía hay discusiones semánticas sobre el término “Olimpíada” y el significado de esa palabra de origen griego tan utilizada en los tiempos posteriores a la gigantesca obra de reunificación disciplinaria y refundación de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, llevada adelante por Pierre de Coubertin, que se celebran cada cuatro años desde Atenas 1896 hasta la actualidad, hace ya más de un siglo.
Como todos sabemos esta historia comenzó en Grecia, en la ciudad de Olimpia al pie del monte Cronos, lugar en el que se halló en una estela funeraria la prueba concreta más antigua de la historia de Grecia, y que es considerada al mismo tiempo el nacimiento de esas actividades arcaicas que hoy conocemos como Juegos Olímpicos de la antigüedad. En dicha estela, queda consignada una fecha cuya data se corresponde con 776 años antes de Cristo. Se piensa sin embargo, que esas actividades relacionadas con lo que fantaseando un poco podrían ser consideradas como un culto al atletismo, si iniciaron aún antes, en la noche de los tiempos.
La controversia entre lingüistas, historiadores y cultores de otras especialidades, consiste en que para algunos el término “Olimpíada” se refiere al acontecimiento en sí mismo, mientras que para otros designaba el espacio de tiempo que mediaba entre un juego y otro que era de 4 años. Al margen de la discusión, obsérvese esta circunstancia extraordinaria: cada cuatro años se suspendían las frecuentes hostilidades entre las dispersas ciudades-estado que conformaban el mundo helénico de entonces, en una conocida Tregua Sagrada en la que todos podían moverse sin temor para asistir o participar del evento que, habiéndose iniciado en Olimpia, se expandió llegando a celebrarse también en Delfos, Nemea, y Corinto.
¡Esto sucedió durante 1.168 años con una sola interrupción, lo cual es a todas luces una hazaña extraordinaria! Los Juegos Olímpicos actuales, en cambio, ya han tenido dos interrupciones debidas a las dos Guerras Mundiales, en apenas poco más de un siglo desde su restauración. Pero han llegado a ser, no obstante, el más grande, famoso y difundido acontecimiento del mundo moderno.
Al margen de las disquisiciones precedentes, entre nuestros contemporáneos surge frecuentemente el debate sobre si es lícito o no designar con el nombre de Olimpíadas a las competencias de un juego como el ajedrez, a deportes restringidos a médicos y otros profesionales, o bien a los encuentros confrontativos de algunas ciencias, como en este caso lo son las Olimpíadas Matemáticas.
Al respecto conviene recordar que, según consta en los escritos de la Grecia antigua que nos ha legado la historia, los llamados Juegos Olímpicos de la antigüedad no consistían tan solo en competencias deportivas que -dicho sea de paso- eran muy poco variadas, sino que incluían torneos de oratoria, música, poesía, escultura, pintura y teatro. El ideal griego del que tanto se habla, no pocas veces con gran desconocimiento, se centraba en la armonía entre el sustento del alma, que es la disponibilidad y eficiencia del cuerpo, y las potencialidades de la mente humana. Había que cultivar tanto el cuerpo como la inteligencia y las capacidades expresivas del pensamiento abstracto, y la espiritualidad que nos caracteriza. Es lo que fue sintetizado muchos años más tarde por el latino Juvenal con su célebre frase, generalmente mal interpretada: “Mens sana, in corpore sano”. Más cerca en el tiempo, no hace mucho, se rescataba esa idea como el concepto de “desarrollo armónico”.
Y hoy, cuando una ciudad es sede de los Juegos, paralelamente organiza lo que ha dado en llamarse Olimpíada Cultural, conjunto de acciones muy variadas que durante todo ese año se celebran en las múltiples manifestaciones del arte, con los mejores exponentes locales y extranjeros, en todas las disciplinas que reflejan la creatividad humana. Quien quiera saber más al respecto, podrá informarse ampliamente en el Museo del Deporte “Pierre de Coubertin” de la ciudad de La Falda.
De modo que si transponemos estos principios a la actualidad, no puede verse mal que, aunque separadas por la super-especialización, tanto las actividades deportivas, como las científicas, profesionales o artísticas utilicen el término “Olimpíada” para definir o caracterizar a los eventos donde se dirimen con cierta periodicidad sus competencias respectivas. Siempre que dejen a salvo símbolos tales como los aros olímpicos entrelazados (**), o la conjunción “Citius-Altius-Fortius” (***), que son propios y originales del Comité Olímpico Internacional y le están reservados. No me atrevería a decir lo mismo de la antorcha, emblema que con múltiples variantes es emblemático de muchas organizaciones, ya que desde cuando Prometeo robó el fuego sagrado a los Dioses para entregárselo a los hombres infundiéndoles luz y calor, puede considerárselo un símbolo universal del ardor y la luminosidad de la inteligencia.
Lo precedente es algo que debe tenerse en cuenta a la hora de organizar, crear emblemas y publicitar estos acontecimientos sociales, lo que frecuentemente no se hace. La palabra en sí misma pertenece al lenguaje y su uso es esencialmente democrático, disponible para todos. No así los símbolos o las agrupaciones de palabras organizadas de tal manera que puedan constituir una obra literaria o la expresión sintética de ideas intelectualmente elaboradas, siendo entonces susceptibles de un copyright.
En conclusión personal de quien esto escribe, no es entonces incorrecta, con las salvedades del caso, la utilización del término “Olimpíada”, de origen griego como tantos otros de nuestro idioma, para los fines que quien lo haga crea conveniente u oportuno.

(*) Magister en Antropología. Director del Museo del Deporte “Pierre de Coubertin”.
(**) Que simbolizan la unión de los cinco continentes a través de Movimiento Olímpico.
(***) Más rápido, Más alto, Más fuerte. Faster Higher Stronger.

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