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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 18 de octubre de 2014

La “Señora” en Córdoba (IV bis)

Por Rubén Rubio

Más allá de una joven señora, interesada en distribuir golosinas y vajillas a los sectores pobres, la visita a Rosario, antes que a Córdoba, muestra una mujer desafiante a los cánones de las primeras damas tradicionales…

Hasta el momento, y en artículos anteriores, hemos visto la presencia de María Eva Duarte de Perón (1919-1952) en sus facetas de actriz de teatro, de radio y cine, así como su relación (criticada en ese entonces) con el coronel y de ascendente carrera, Juan Domingo Perón. Luego de los acontecimientos por todos conocidos de octubre de 1945, se convierte en la esposa legal y desde junio de 1946 en la Señora del Presidente de la Nación. En ese carácter, y por breves horas, arribó a la poderosa ciudad santafesina de Rosario.
Efectivamente; el 15 de agosto de 1946, visitó la ciudad de Rosario, acompañada por funcionarios nacionales y un importante empresario naviero como Alberto Dodero; visitó escuelas, el sindicato de la Unión Ferroviaria de esa ciudad, distribuyendo golosinas, ropas y otros víveres a humildes pobladores. Un dato que revelaría algo de su accionar posterior: en el almuerzo preparado, el orden de ubicación en la cabecera de la mesa que se había dispuesto esa mañana de acuerdo con el Sr. Soaje Pinto, funcionario de la Secretaría de Trabajo y Previsión, fue alterado dado que la Sra. de Perón quería tener a ambos lados representantes obreros. A la tarde, en la plaza San Martín de Rosario, ante la multitud reunida, entre otros conceptos, expresó: “El hecho más profundamente rector que registra la historia del país en los últimos años, es la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, porque fue ese organismo que dio sentido y contenido a la revolución marcando el destino inmediato de la vida argentina.
Su creador, el coronel del pueblo, Perón, lo comprendió así desde el primer momento y lo señaló al decir que con esa institución se iniciaba la era de la política social, terminando la del Estado indiferente, que se mantenía alejado de la población trabajadora, y no regulaba las actividades sociales como es su deber. […] El enemigo agazapado acecha la hora de la revancha; continúa lanzando sus andanadas de insidias, destinadas a mellar en las masas la esperanza que las alienta; aspira a recuperar lo que ha perdido para siempre, confiado en que pueda ser posible destruir la lealtad de los obreros hacia Perón. […] todos debemos saber que la lucha no ha terminado, porque nos queda por delante la gran obra de gobierno a realizar y que el general Perón habrá de llevar a cabo, cueste lo que cueste y se oponga quien se oponga”. (1)

Quizás sea interesante detenerse en detalles de esta visita y de sus palabras registradas por la prensa escrita. Es la primera, como primera dama, fuera de la provincia de Buenos Aires. Si bien estuvo pocas horas en Rosario, fue cálidamente bienvenida en una ciudad donde la fórmula del Partido Laborista le había sido ampliamente favorable. Fiel a un estilo “personal” decide que en la cabecera de la mesa del agasajo la acompañen representantes obreros y no miembros de su comitiva (algunos de ellos ricos empresarios). Quizá esto indicaría su tejido de relaciones con el sector obrero, quienes serán su sostén en años venideros y un rasgo “diferenciado” de las anteriores esposas de presidentes.

Pero analicemos sus palabras, dichas en una de las plazas centrales de la ciudad de Rosario y recogidas por la prensa, cuya inclinación no era precisamente a favor del peronismo. Señala algo que reiterará en varias oportunidades: que la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión es lo más rescatable y lo que dio sentido a la (por ella llamada) revolución, en alusión al gobierno militar iniciado con el golpe de Estado de 1943. ¿Algunas de las otras realizaciones no merecían para ella alguna alabanza? Ligado a este concepto elogioso hacia dicha Secretaría, califica a Perón como el “coronel del pueblo”. No es cualquier coronel: es del pueblo, resaltando así el vínculo líder/conductor con la masa trabajadora, agregando el carácter visionario de Perón de comprender el nuevo rol del Estado, “no indiferente”, alejado y sin presencia reguladora. En pocas palabras, hace una síntesis notable de la idea de Estado que ya se venía manejando desde 1943-1944 (Estado diferente al liberal de los años anteriores, más participativo, sensible a las demandas, regulador entre capital y trabajo, promotor de mejoras en favor de los sectores obreros…) pero todo ligado a la figura de Perón, reforzando así un incipiente culto al líder, a la que ella será muy afecta y promotora.

Pero también expresa algo que será algo especial suyo: el carácter combativo, casi de enfrentamiento, de maniqueísmo. Califica (pero no precisa) de “enemigo agazapado” a los rivales, quienes esperan la “revancha”, de “andanadas de insidias” que desean destruir la unidad obreros-Perón. Es verdad que, luego de la amarga verdad de los resultados comiciales del 24 de febrero de 1946, la oposición (en un arco que iba desde lo político, a sectores agropecuarios poderosos, medios de comunicación tradicionales y de peso en su público lector) le costaba digerir la derrota de este partido advenedizo y calificado como continuista del régimen militar del ’43. Pero el tono de la Señora, frente a la multitud rosarina, es de alerta combativa, de una vigilia de soldados civiles que deberán defender lo conquistado y lo que realizará Perón (no todo el gobierno, sino él, como si fuese el único). Y lo harán “cueste lo que cueste y se oponga quien se oponga”. Palabras premonitorias…

De regreso de Rosario, continuó su campaña a favor de los niños pobres del país y fue notable el acompañamiento, como Primera Dama, a su esposo en ceremonias oficiales; en septiembre de ese año, se interesó personalmente en las discusiones por los derechos políticos femeninos en la Cámara de Diputados de la Nación. Es bueno recordar que, en Córdoba, dicha discusión había comenzado antes que a nivel nacional, pero esto será motivo de otro artículo. (2)

El 9 de octubre, dirigió un mensaje radial a todas las mujeres, desde la residencia presidencial, en un adelanto de la conmemoración del 17 de octubre; este mensaje, leído con énfasis radioteatral, decía entre otras cosas:”Yo pertenezco a mi pueblo; me confundo con él; soy lo que una de ustedes: un corazón de mujer, que en el día amargo y difícil de la derrota ha sacado fuerzas de su flaqueza, ha luchado y se ha impuesto por el futuro mejor de su país, de su pueblo”.(3) Esta autorrepresentación muestra algunos aspectos: es verdad que era una mujer de pueblo (sus orígenes, educación primaria y primeros años adolescentes así lo confirman). Cuando dice “..en el día amargo y difícil de la derrota” quizás se refería a su temor en esa semana de octubre de 1945, que ella no protagonizó pero hizo gestiones a favor de Perón prisionero. En la frase siguiente se eleva a una categoría superior (la de su entrega con final feliz no para ella sino para la comunidad) cuando afirma “ha luchado y se ha impuesto por el futuro mejor de su país, de su pueblo”. Va delineando y promocionando sus características de entrega y sacrificio hacia los demás, similares quizás a las de aquellas heroínas de la historia mundial de su programa radial en 1944. La Señora: persona, personaje…

El 17 de octubre de 1946, estuvo junto a Perón, en el balcón de la Casa Rosada, en el primer aniversario, de lo que se denominaría “Día de la lealtad” Días después, para fines de octubre, se anunciaba la visita de la esposa del presidente, la señora María Eva Duarte de Perón, a la provincia de Córdoba.

1) Diario El Litoral, Sta. Fe, 16 de agosto de 1946, pag. 2
2) Dependerá de la amabilidad y paciencia de quien dirige este semanario
3) Diario El Orden, Sta. Fe, 10 de octubre de 1946, pag. 1

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