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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

jueves, 21 de octubre de 2010

Crece desde el pie

Por Alfredo Ferrarassi


En una nota anterior, “Carta abierta a la oposición”, llamábamos a la unión de todos los sectores en pos de un porvenir mejor para La Falda, habida cuenta que esta administración no ha satisfecho las expectativas de gran parte de los vecinos de nuestra ciudad.
Evidentemente la construcción de un espacio pluralista es un desafío, puesto que se deben vencer las visiones pequeñas, egoístas, en donde lo que prima es el interés personal, para sumarse a un colectivo que debe estar planteado pensando en los demás y que permita sentir la ilusión que otra realidad es posible.
Si bien no han existido críticas hacia aquella propuesta, en cambio he hallado inquietudes respecto cómo se edifica un espacio de estas características, se vence la “vieja política” y a los anquilosados dirigentes que piensan en que se pueden armar plataformas o alianzas dos meses antes de una elección.
Sin dudas no es fácil la tarea de erigir un frente que por su propio peso y necesidad se impone, ya que se deben desterrar antinomias, desconfianzas y apetencias personales, pero ante todo es prioritario empezar a pensar que si no se lo construye existe, al menos matemáticamente por la ley de probabilidades, que el oficialismo pueda triunfar y es aquí donde debemos hacer que quienes objetan el mismo reflexionen sobre ¿cuál es la ganancia que se obtiene perdiendo?, o ¿acaso lo que prima es aquella vieja frase de Luis XV, “Después de mí, el diluvio”, siendo quizás éste el mezquino interés que persiguen?
La elaboración de un espacio político es una construcción cotidiana en la que se deben ir produciendo una serie de encuentros, de acercamientos que permitan conocernos, saber que las diferencias a veces solo son gramaticales y no semánticas, que estamos más cerca de lo que imaginábamos y que por lo tanto es posible realizar una unión en base a puntos comunes, a ideas básicas, a carencias heredadas que se deben solucionar, a las respuestas que la sociedad espera y que esta gestión ha negado sistemáticamente.
En un cuadro como el actual en el que la inmensa mayoría de La Falda tiene necesidades básicas insatisfechas, las que no son solamente económicas, si no de salud, de cultura, de participación, de seguridad, de integración, de igualdad ante la ley y las oportunidades, de simplemente poder percibir que todos tenemos el derecho a ser ciudadanos, de volver a tener el sentimiento imprescindible de la esperanza, entonces poder armar un acuerdo, un proyecto mancomunado, es una tarea más simple de lo que imaginamos, ya que lo que deja este estado tras de sí es caos, tejido social necrosado, ilusiones rotas, el sabor amargo de experimentar que somos vecinos de segunda, que los males han sido en lo único que nos han dejado participar, ya que los beneficios han sido siempre para un grupete de amigotes del poder, entonces si nos detenemos un solo instante a pensar veremos que si lo que deseamos es un futuro digno para todos nada nos pude separar, ya que gracias a los caprichos de esta casta gobernante, por suerte nos une el espanto de saber que esto no puede, ni debe suceder nunca más, por lo tanto pretender creer que la solución es obra de un elegido o de una presidencia partidaria es estar infectados por el virus de lo que pretendemos cambiar.
Lo peor que puede sucederle a una comunidad es que aquellos que ocupan altos cargos en las conducciones políticas quieran por egoísmo, ceguera, egolatría pretender ser los “padres de la criatura” y todo aquello que no sea su idea o su brillante “insight” carece de valor. Ello sería pues no solo atroz por lo que encierra, si no que por sobre todo está lo que se niega a aquellos que en última instancia son los con su voto deciden y que pretenden gestos de madurez política de la clase dirigente.
Un buen estratega vería que es más provechoso alardear después que en su gestión se logró derrotar a los personeros de la decadencia, del “apartheid” social, que lamentar otros cuatros años por los espacios que se volvieron a perder, solo por haber puesto sus intereses por delante del resto.
Estamos persuadidos que si la dirigencia es egoísta, tal vez sea tiempo de las bases, de la militancia, del bien común por sobre el de las elites sea cual sea su ideología, sea cual sea su pertenencia, porque en definitiva este planteo es de una profundidad filosófica tal, que desde hace décadas se han escritos cientos de miles de páginas sobre el Fin de la Historia, el cual es la lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre lo conservador y lo progresista, son los combates por la historia como decía Lucien Febvre, esos que cuando se ganan son los que cambian aquella o como sostenía Agustín Tosco “Las mejores victorias son aquellas que logramos sobre nuestras propias limitaciones”. Se trata pues de vencer los obstáculos que el oficialismo siembra valiéndose de aquellos que sin quererlo, cegados por sus pasiones, se están convirtiendo en funcionales al marquismo, conspirando sin advertirlo contra su propio futuro y el de los demás.
El titulo de ésta nota es el de una canción de Alfredo Zitarrosa, que en algunas partes vale pena transcribir, ya que en la simpleza del poeta esta la profundidad del pensamiento, sostenía el uruguayo…“Crece la pared por hiladas/ crece la pared/ crece desde el pie amurallada/ crece desde el pie.
Para sus colores, las flores/ crecen desde el pie.
Un poco de fe y los tambores/ pueden florecer.
No olvides que el día y la hora/ crecen desde el pie/ después de la noche la aurora/ crece desde el pie.
Crece desde el pueblo el futuro/ crece desde el pie/ ánima del rumbo seguro/
crece desde el pie”.
Elejimos esta poesía por que en ella vemos con claridad que todo se debe construir a partir de sólidos cimientos, que la vieja política debe ser desterrada, aquella que casi sobre el final de cada campaña eleccionaria parece motivar a algunos dirigentes a salir del letargo entre periodos. La politica es una práctica diaria puesto que asi se conocen las necesidades de los vecinos y se buscan soluciones permanentes a éstas.
El trabajo concebido de esta manera es el que garantiza, cuando se es gobierno, el antifracaso, ya que lo contrario es improvisación, algo que algunos dirigentes parecen no advertir, asumir y estar dispuestos a cambiar.
No hay absolutamente nada que pueda impedir un cambio profundo, cargado de ética y esperanza, sólo hay que disponerse a hacerlo, para ello hay quienes deberán reflexionar y admitir que no hay más tiempo para perder, que a la historia se puede pasar de dos maneras: una, siendo una máquina de entorpecer todo aquello que no satisfaga el egocentrismo y la otra, es posibilitar que los cambios se produzcan, alentarlos, colocarse a la cabeza de lo que el pueblo quiere y necesita, pasando a la posteridad como un dirigente que supo convertirse en estadista acompañando la marcha inexorable del nuevo tiempo que terminará definitivamente por imponerse más allá de cualquier deseo personal. Poder comprenderlo es la cuestión!

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