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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 3 de mayo de 2014

El valor cultural de las bibliotecas

En este espacio generalmente dedicado a temas sociales, políticos y culturales, y habiéndose celebrado en estos día el aniversario a que hacemos referencia en el epígrafe, nada más oportuno que traer a colación un discurso notable pronunciado por el Dr. Salomón Meirovich (1906-1986) el día patrio del 25 de Mayo de 1934 con motivo, precisamente, del nacimiento de esa casa destinada a albergar esos símbolos de cultura que han sido, son y serán los libros. Lo hizo en calidad de primer Presidente de la comisión Directiva de la entidad constituida por esos ya lejanos días.,
En dicha pieza oratoria, -que va a continuación- se observa una profundidad conceptual increíble en un joven profesional de tan solo 27 años, que recién recibido, estaba destinado a ser uno de los tantos impulsores de los avances necesarios para que la incipiente población que aún era La Falda se convirtiera en la pujante ciudad que es hoy.
Sería inoportuno exponer aquí el más que meritorio Curriculum personal del Dr. Meirovich que atesora su familia, pero me parece importante destacar tres aspectos: 1º) la madurez de lo expuesto tratándose de una persona muy joven, 2º) el hecho extraordinario de que por un lapso de 55 años (¡más de medio siglo!) el precoz orador ejerció su profesión ininterrumpidamente en La Falda, como médico de ricos y pobres, teniendo especial consideración para estos últimos. Y, 3º) lo que a mi entender lo coloca en un lugar de sumo privilegio en relación con lo que hoy se conmemora en la Biblioteca Popular “Sarmiento”, fue su Presidente, en períodos alternos, durante 50 años (1934-48 y 1952-86).
La escueta información precedente, por sí sola, nos habla de la necesidad de ejercer la memoria en plenitud también en estos casos, desconocidos para la mayoría de los habitantes más recientes, y que amenazan por ello con perderse en las brumosas neblinas del tiempo. Para ellos, y para el incesante devenir generacional, tenemos la obligación de preservar los aspectos fundacionales tempranos de nuestra ciudad, documentándolos apropiadamente.
La Junta de Historia de La Falda, recientemente creada, trabaja en ello, pero también se solicita desde esta columna la inestimable cooperación de todo aquel que pueda aportar sus conocimientos para el Archivo Histórico de la ciudad, como lo ha hecho en esta oportunidad el Ingeniero Santiago Meirovich, rescatándose así algunos aspectos de las realizaciones de su padre, uno más entre los tantos que realizaron aportes constructivos a la comunidad faldense, por lo cual debería recordárselos antes de que sea demasiado tarde.

Alberto E. Moro
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Valor cultural de las bibliotecas

Discurso del Dr. Salomón Meirovich, médico de La Falda, el 25 de Mayo de 1934.

Debo, ante todo, agradecer la invitación que se me formulara para pronunciar algunas palabras en este acto inaugural de la Biblioteca Popular “Sarmiento”, que tiene, cuando menos, dos méritos: uno, la inauguración de una Biblioteca en esta localidad serrana habla de las inquietudes que agitan a sus habitantes; y el otro, la magna fecha patria que conmemora hoy toda la Nación Argentina y casi podría decir, toda la América Latina.
Debo, además, felicitar a la Comisión Directiva de esta entidad que nace hoy, por el indudable acierto de colocar la Biblioteca bajo la advocación promisoria de Don Domingo Faustino Sarmiento, el más grande educador argentino, el más sabio, el más tenaz y perseverante, aunque a veces algo brusco y vanidoso, con aquella intolerancia que, según las enseñanzas de la moderna Psicología, es patrimonio del genio.
Sarmiento fue un ejemplo grandioso que debiera ser seguido por todos los argentinos. Su afán por educar, por civilizar, por instruir, por destruir el sedimento espeso de barbarie que poblaba las dilatadas pampas de nuestra Nación, es un ejemplo luminoso que es necesario seguir para poder hacer algo en prosecución de su obra inmortal, en pro de la educación de las masas. Por eso hizo escuelas.
La Escuela, segundo hogar del niño, sirve para ponerlo en contacto con los principios y conocimientos humanos. Es y debe ser para el niño un lugar de instrucción y diversión. Debe aprender divirtiéndose, para de ese modo fijar mejor los conocimientos necesariamente fáciles de olvidar, pues la memoria, en general, poco retiene. Aristóteles decía que la memoria se parece a una tabla de cera y que esa tabla era rasa en la infancia. Cuanto más intensas las emociones y enseñanzas, cuanto más repetidas, tanto más fáciles de recordar.
Hablar de una biblioteca argentina es afirmar los índices de la nacionalidad, pues ella es depositaria de los cofres en que se guardan los argumentos que explican sus fundamentos. De ahí el nombre de Biblioteca que deriva del griego Biblos que significa libro, y de ahí la Biblia, el Libro, compendio maravillosos de la vida de un pueblo.
Parafraseando los conceptos que merece la escuela, podemos decir que mientras más bibliotecas haya, menos vicios tendremos; mientras más bibliotecas haya, menos crímenes tendremos, y mientras más bibliotecas haya, mayor será el adelanto del país, pues la instrucción propende a la mayor cultura y civilización de los pueblos, y por tanto contribuye a mayor bienestar de sus habitantes, que pueden mediante el trabajo eficaz, elevar su vida.
Hoy día, por ese prurito de cambiar los valores de nuestra actual civilización mundial, que pasa por un momento tan difícil, hay hombres que con su elocuencia, apoyada en la crisis presente, llegan a arrebatar pueblos enteros, desdeñando la cultura, esa flor del espíritu humano, que sirve para distinguirnos de los animales.
En esos hombres predominan las fuerzas telúricas, es decir las fuerzas instintivas. Pero, como siempre, eso pasará. No es posible que el hombre quede relegado a la categoría de un animal, más en este conjunto infinito que se llama Cosmos.
La cultura no desaparecerá, ni amenguará su valor jamás. Podrán hacerse autos de fe con algunos libros fundamentalistas para fortalecer las fuerzas telúricas de las masas, pero no se ha de conseguir con eso, más que ahincar el deseo de los espíritus selectos para volver a su clima natural. […]
La Cultura, pues, entendida como el cultivo de las facultades superiores ó espirituales, no puede ceder su lugar a las distintas formas del materialismo, pues este mismo, para persistir, debe tener un contenido que le permita responder al sentido de la vida, es decir, debe tener un contenido filosófico.
La cultura atraviesa un mal momento, pero, como dice Martín Gil, bárbaros ha habido siempre, pero ellos han pasado y la humanidad ha seguido su marcha ascendente hacia sus grandes destinos.-
“Gobernar es educar “, decía Sarmiento, así como Alberdi, decía: “Gobernar es poblar “. Y en verdad, ¿qué acción más noble, más proficua y productiva que la que significa para un Gobierno lanzar la semilla de la educación, para que pasados los años germine dando la bella flor del saber?
¿Qué mejor obra que proporcionar a sus hijos los medios para una vida superior? ¿Qué mayor satisfacción para el gobernante que levantar el espíritu de sus gobernados a través del tamiz de la cultura, para hacerlos fuertes, buenos y tolerantes?
La educación fortalece el carácter, pero, también, y esto es muy importante, reprime los instintos salvajes que anidan en el corazón humano.
Y así, trasponiendo los términos podemos decir: “Educar es Gobernar “. Pues mientras más cultos son los Pueblos, más fácil es gobernarlos, más adelantados son, y como consecuencia, más respetados son, en el concierto de las naciones.
La bestia que se encierra en el interior del hombre, agazapada, traicionera, presta a saltar ante el descuido de la conciencia -hablo de la conciencia educada- está más dormida, más aletargada, cuanto mayor es el freno que la sujeta, y ese freno es la educación y son las costumbres, fruto de la educación. Pero entramos aquí en el terreno resbaladizo de la moral, y eso, será motivo, tal vez de otra conversación.
“Quien agrega ciencia, añade dolor “ dice el Eclesiastés, pero lo dice en el sentido de la curiosidad humana y de la satisfacción humana, pues el hombre al saber lo poco que sabe, pide saber más, y esa petición insatisfecha, origina el dolor de no saberlo todo. Debemos hablar pues, del espíritu y la materia. Y cuanto más sea influenciable ésta por aquél, tanto mayor será el beneficio.
¿Y cómo es influenciable el espíritu? Por la inteligencia, el razonamiento y el ejemplo. Y este todo se consigue, por el mayor conocimiento, es decir, por la mayor cultura.
El signo de la cultura debe ser el símbolo que anime y guie a la humanidad. De ahí el rol de las Bibliotecas, verdaderos focos de cultura, que irradian las ideas para alimento de los pueblos.
Yo deseo para esta Biblioteca un gran destino. Yo deseo que esta pequeña biblioteca, inaugurada bajo tan favorable auspicio, sirva para llevar un poco de instrucción a los hogares de La Falda, para hacer a sus moradores más sabios, pero, sobre todo, más buenos.

Dr. Salomón Meirovich
25 de Mayo de 1934


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