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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Yo, el Supremo

Por Alfredo Ferrarassi

En 1974 Arturo Roa Bastos publicó un libro emblemático de la literatura hispanoamericana, “Yo, el Supremo” que narra la acción gubernamental del Supremo Dictador Perpetuo del Paraguay, Gaspar Rodríguez de Francia y por esta y otras obras recibirá en 1989 el Premio Cervantes, al cual algunos consideran el Nobel de la lengua española.
No queremos hablar de aquel político paraguayo, sino tomar el concepto que el titulo encierra para así poder expandirnos sobre uno de los males que aquejan a nuestra ciudad como es el desgraciado personalismo político que nos aflige y que nos impide tener una visión clara de la estrategia a seguir, produciendo por consecuencia un deambular errático, en el que más importa destruir al compañero de ruta que vencer al contrincante ideológico, en el que nada existe por fuera de las apetencias personales, en una actitud egoísta, patológica que tanto daño le hace tanto al presente como al futuro de nuestra ciudad.
En este proceso pre eleccionario afloran a la superficie una serie de conductas que tras 27 años de democracia creíamos debían estar desterradas, pero la cruda realidad nos indica que para algunos políticos locales las lecciones de la historia son una asignatura pendiente, un aprendizaje que no han realizado y que se impone lo hagan con premura, porque lo que se pone en juego no es la necesidad de reforzar el ego, sino una cuestión social, en la que varias generaciones pueden quedar presas de conflictos personales no resueltos ya que la vida productiva es demasiado corta para hipotecarla en manos de aprendices de brujos que no hacen otra cosa que pensar en ellos mismos y que la sensibilidad hacia los otros, desgraciadamente, empieza y termina en su reducido perímetro personal.
Por otro lado en estos días se están por llevar adelante una serie de encuestas de distintos partidos políticos, que buscan saber quiénes son los mejores posicionados ante la opinión pública, para así lanzar las listas para la próxima elección municipal.
Hasta aquí las cosas no ofrecerían contradicción alguna, ya que es normal que se deseen armar las mismas con “los mejores hombres y mujeres”, sin embargo ya se puede percibir un cierto mar de fondo puesto que ya hay quienes ante temor de un resultado desfavorable están planificando la “retirada” más honorable posible, no sin antes objetar la estructura de la encuesta, en un acto de poder hallar la “quinta pata al gato” que pueda justificar lo injustificable, olvidándose que el sondeo de la opinión pública es un mapeo de lo que posiblemente pueda suceder en el momento de las votaciones.
La importancia de investigar las preferencias radica en que se pueden conocer las tendencias y en base a ellas actuar para posicionar mejor a un partido. Mientras que difícilmente pueda torcerse una imagen negativa, ya que ello es lapidario e irreversible una vez instalado y que en definitiva refleja el accionar público y político de un candidato, que el pueblo de esta manera sanciona con el único instrumento que tiene, como es darle la espalda, siendo así expresión de la sabiduría popular que castiga a quienes los han defraudado
Seguramente después de conocerse las mismas, quedará en lo que no debería ser un campo de batalla, una serie de heridos que costará “sanar” y contener, puesto que no hay nada más doloroso que un ego magullado. Esto más allá del momentáneo dolor que puede resultar de conocer lo que siente el vecino, aquel que verdaderamente piensa en los otros debería modestamente sumarse a quien ha triunfado y acatar la voluntad popular, sin embargo, al igual que las internas, son muy pocos los que aceptan los resultados y no “trabajan en contra”. Estamos en definitiva, ante un momento crucial en el que se juega tanto para la ciudad, que de las actitudes que se observen dependerá el futuro de La Falda.

Los personalismos no han sido ajenos a la historia argentina, pues tanto a nivel nacional y desde allí hacia abajo se han dado de manera casi permanente, siendo por ende una constante que parece manejar un sistema de reminiscencias feudales en donde debe existir como algo imprescindible un caudillo que “comande” las bases de manera verticalista en donde el disenso no está permitido.
Su existencia está presente aún antes de los caudillos tanto unitarios como federales, pasando posteriormente por los gobiernos de la generación del ochenta hasta las batallas entre yrigoyenistas y anti personalistas radicales, hasta alcanzar el culto idólatra con Perón, a las vertientes recientes de cada gobernante de turno que lanza su propio “ismo” como manera de remarcar su orientación política.
Esto tampoco fue ajeno a las provincias interiores y nuestra Córdoba es muestra de ello con gobernantes famosos que dejaron su “sello en el orillo” de la historia. Tenemos así a Ramón J. Cárcano, Amadeo Sabattini, José Aguirre Cámara, Angeloz y tantos otros. En lo local sin dudas los grandes caudillos se reducen a las figuras de Manuel Arnedo y Enrique Pérez, quienes por si mismos tuvieron un peso político diferente al resto. Los demás han sido simplemente buenos o malos gobernantes, más no caudillos, sin embargo en cada proceso eleccionario en La Falda florecen, al decir de Terrera, caudillejos de poca monta que están convencidos que la vida política gira en torno a ellos y que creen que solo dos o tres meses antes basta para elaborar un proyecto y movilizar a la gente, sin advertir que la sociedad reclama seriedad y por sobretodo la aparición de estadistas locales que puedan pensar a la ciudad de cara al futuro y no de acuerdo a intereses personales o de grupos cercanos.
En la Carta Orgánica se estableció con buen criterio que el inicio de cada nuevo gobierno municipal fuera el 1 de Septiembre porque ante el cambio de nombres y eventualmente de partidos, la anterior fecha de diciembre, lo situaba a los pocos días de asumir ante una temporada que podía no haber sido planificada de producirse una renovación de colores políticos, llevando seguramente al periodo estival al borde del fracaso.
Esto era un verdadero avance, sin embargo el actual oficialismo le encontró un atajo que le sirve a sus intereses, puesto que al adelantar tanto las fechas de los comicios, aquel que está en el poder, con todo lo que ello encierra, cuenta con todos los mecanismos, resortes y hasta un aparato disponible, al cual precisamente la temporada no le impide hacer política, mientras que los otros partidos tropiezan con una serie de obstáculos que no existen para quien gobierna, por lo que el principio de Igualdad de oportunidades y ante la ley es una entelequia, puesto que quien detenta el poder reafirma la frase inicial “Yo, el supremo” y actúa en consecuencia.

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