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Lugar: La Falda, Córdoba, Argentina

El titular ha superado los 25 años en la actividad periodística, habiendo participado de los medios gráficos de la región, ha sido director de medios radiales y ha hecho televisión, fue corresponsal de La Voz del Interior.

sábado, 17 de octubre de 2015

Las nuevas TICs no siempre son neutrales y necesarias

Las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TICs) aparecen atractivas y las actividades humanas las incorporan, dócilmente y con cierta ingenuidad, sin demasiado análisis de su justificación y beneficios reales, respecto de la que ya se cuenta.
Asimismo, es necesario diferenciar la tecnología, que ayuda a elevar la calidad humana y técnica, de la que, adoptada sin mayores recaudos, se puede convertir en verdaderos caballos de Troya, que ingresan para degradar, sojuzgar y controlar a las personas, las sociedades y los pueblos, de manera sutil y profunda.
Hay que cuidarse de consumir lo necesario y no que nos obliguen a cambiar, constantemente, de instrumentos tecnológicos. Cada vez más la nueva tecnología obliga a adquirir nuevos instrumentos (computadoras, celulares, etc.) e incluso hay programas informáticos que no se pueden correr en determinadas computadoras, porque no son de última generación. Todo ello, para presionar a comprar las nuevas versiones, a cada momento, con un costo extra significativo para personas y países, sin que ello fuere imprescindible y que produce, a su vez, una gran cantidad de basura tecnológica que contamina.
Además, para legislar sobre las nuevas tecnologías se tiene que conocer sobre las mismas y no dejarse empujar por lógicas consumistas, propias del tracto de los negocios. Las personas, las sociedades y los Estados deben desarrollar un pensamiento estratégico en el tema.

Lado oscuro en el uso de las TICs
A su vez, no nos podemos olvidar que las tecnologías pueden tener su lado oscuro, no siempre referido. Baste recordar lo que señala el periodista norteamericano Edwin Black, en su libro “IBM y el Holocausto”, (Editorial Atlántida, 2001). El autor sostuvo que la información aportada en censos llevados adelante por los nazis, fue potenciada por “programas de identificación y clasificación, desconocidos hasta ese momento. Solo después de haber identificado a los judíos -una tarea monumental y compleja que Hitler quería terminada de inmediato-, se podía lograr una eficiente confiscación de bienes, reclusión en ghettos, deportación, explotación laboral y, en última instancia, aniquilación. Era un trabajo de cruce de datos y un desafió de organización tan colosal que exigía una computadora. Por supuesto, en los años 30´ no había computadoras, como las que conocemos, pero la tecnología de las tarjetas perforadas de Hollerith si existía. Con la ayuda de estos sistemas adaptados a la medida de sus necesidades, Hitler pudo automatizar la persecución de los judíos. Los historiadores han manifestado siempre su sorpresa ante la velocidad y la precisión con que los nazis fueron capaces de identificar y localizar a los judíos europeos”. IBM (International Business Machines Corp.) fue el proveedor único de los millones de tarjetas perforadas que Hitler necesitaba. En junio de 1937, Thomas Watson, el presidente fundador de la empresa, tuvo un encuentro con Adolf Hitler para discutir con él las cuestiones del suministro de equipos, y luego, se le otorgó una medalla creada para extranjeros que demostraron ser dignos del Reich alemán.

No todo lo virtual es bueno
Tener en claro que no todo lo tecnológico es bueno, neutral o inocente a otros objetivos o designios, es de vital importancia, en un momento, en el que las personas y las sociedades tienden a confiar ciegamente en la tecnología, mientras cada vez más se desconfía de lo humano. Esto último, en una modalidad de actitudes, que deben preocuparnos. Repárese con la naturalidad que se suben a la Web, informaciones fundamentales, íntimas y privadas de las personas, sin mayores recaudos, cuando ello no lo compartiríamos, ni siquiera con quienes viven de manera cercanas a nuestra vida cotidiana.
Tampoco se desconfía del interlocutor virtual, mientras cada vez más desconfiamos de la persona de carne y hueso que se nos acerca y nos pregunta algo. Al cartero humano, que conocemos, no le permitiríamos nunca que rompiera las cartas que considere que son publicidad dirigida a nosotros que no se justifica que llegue a nuestras manos y sin embargo, sin mayores inconvenientes, le damos poder al servidor -anónimo- de correos electrónicos, para que nos destruya los correos (e-mail) que entienda que son basura (Spam).
Las nuevas tecnologías además, proveen los sistemas de recolección, acumulación y procesamiento de los datos que el usuario brinda, la mayoría de las veces, ignorante del destino de los mismos. Las nuevas TICs superan las posibilidades humanas y a la vez, las potencia, de manera positiva, pero también negativamente.
Además, hay ahora una gran capacidad de almacenamiento de información, que junto a la alta velocidad de búsqueda hace que nada quede fuera de la posibilidad de ser auscultado. Así, incluso, la mejor buena voluntad en el secreto sobre la información conservada, no es garantía que en el futuro no se use inadecuadamente. Por ello es central garantizar, legalmente, sistemas de aseguramiento que garanticen para el futuro el debido uso de la información que se almacene. De lo contrario, puede darse el caso de Holanda, donde a principios del siglo XX, se hizo un registro de la religión de los habitantes, para garantizar el entierro conforme a las creencias del fallecido. Pero esos registros cayeron luego en manos de los nazis, cuando fue invadida Holanda y sirvieron para facilitar la identificación de los judíos en ese país y su injusta persecución.
En definitiva, es importante tomar clara conciencia de la necesidad de tener un pensamiento estratégico, en la adopción de nuevas TICs, buscando de obtener, de la mejor manera, lo que fuere necesario, en el momento adecuado y con los recaudos pertinentes.


Miguel Julio Rodríguez Villafañe
Abogado constitucionalista y periodista

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